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FORMAR JÓVENES COMPETENTES
Si educamos pensando en el futuro. no podremos evadirnos de una realidad que nos empuja al cambio. Los expertos en educación del Consejo de Europa ya han empezado a diseñar cuáles deben ser las competencias en las que debemos formar a los jóvenes europeos de cara al tercer milenio. Es un tema de suma trascendencia y de enorme interés para los educadores, que al mismo tiempo que educan para hoy. ya otean en el horizonte las exigencias de la nueva sociedad.
Es algo así como una revisión de los rasgos y cualidades que debe tener el joven pensando en la sociedad del conocimiento; como se adivina, se trata de un perfil genérico de capacidades en el que puedan caber todos los proyectos formativos. En realidad se trata de ir preparando para una nueva forma de vida donde los conocimientos y las competencias serán ligeramente distintos a los que poseía un joven que terminaba hace veinticinco años su escolaridad y muchos de los que la terminan hoy. La educación que es reactiva siempre llega, tarde y pierde un tiempo precioso tapando grietas; mientras que una educación proactiva busca anticiparse al futuro, adelantarse con eficacia a las realidades previsibles.
¿Qué debe cambiar en la educación?
Concretar lo que los alumnos deberían adquirir en términos de competencia no es una simple elección terminológica, sino proponer una manera diferente de pensar el proyecto de formación en las escuelas.
El currículum explícito lleva a formar la mente con unos determinados proceso pero el modo como se realice ese camino va a condicionar un estilo de pensar y de ser.
Los sistemas de formación deben reformar sus currículos, actualizar sus contenidos y ajustarse a los saberes que tengan coherencia y creen vínculos entre las disciplinas. Se habla de buscar troncos comunes, competencias básicas, modos de pensamiento fundamentales lejos de las modas y los oportunismos pragmáticos de los políticos.
Se habla de la importancia de enseñar mas a aprender que a almacenar conocimientos, es decir, que importa mas el cómo, el método y la destreza en ser capaz de continuar en un permanente estado de aprendizaje y no llegar a una saturación de datos. La formación debe durar toda la vida: por tanto, se han de descubrir las potencialidades de cada individuo y equiparle de los recursos que le sirvan para todos los aprendizajes. La empresas buscan personas con potencial para saber aprender y hacer, capaces de asumir nuevos retos, de afrontar lo desconocido, de cambiar de trabajo y de mundo de relaciones. No basta con poseer las habilidades peculiares de un buen oficio, hay que saber adelantarse a la dificultades, tomar decisiones, ser cooperativo adaptarse sin traumas a lo imprevisible.
La aceleración de la producción de nuevos conocimientos nos desborda. La formación no debe centrarse ya sólo en el saber teórico, sino en aprender a conocer, formar una mente crítica , selectiva, científica, en preparar para cualquier situación de aprendizaje y para toda la vida
El método pedagógico coherente en la escuela desde el inicio de los estudios, debe sentar las bases y unir a los profesores en la formación procesual y en la continuidad asimiladora de un método cada vez más integrador.
¿Qué se entiende por competencias?
Cuando hablamos de competencias adivinamos un conocimiento experiencial o un saber hacer. La competencia es una capacidad general fundada sobre los conocimientos, la experiencia, los valores y las disposiciones duraderas y capaces de percibir, pensar y evaluar. La persona competente es capaz de establecer relaciones entre un conocimiento y una situación, es capaz de descubrir el procesamiento (conocimiento y acción unidos) que mejor conviene a un problema. Así sintetizaríamos los matices que hallamos en las competencias: capacidad, aptitud, destreza, cualificación, dominio, saber hacer.
¿Qué competencias se pedirán mañana?
El Consejo de Europa habla de cinco bloques de competencias con las que las escuelas deberían equipar a los jóvenes:
1.- Competencias políticas y sociales, como la capacidad de asumir responsabilidades de participar en las decisiones de grupo, de resolución de conflictos de forma no violenta, de participar en el funcionamiento y la mejora de las instituciones democráticas.
2.- Competencias que conciernen a la vida en una sociedad multicultural, competencias para vivir en tolerancia, para superar toda xenofobia y aceptar las diferencias. el respeto al otro, la capacidad de vivir con otras culturas, lenguas y religiones.
3.- Competencias relacionadas con la comunicación oral y escrita, necesarias para la vida social y el trabajo. El conocimiento de idiomas tiene importancia creciente.
4.- Competencias relacionadas con una sociedad de la información, dominar tecnologías, conocer sus aplicaciones, sus fortalezas y debilidades y la capacidad de juicio critico con respecto de los medios de difusión y de publicidad.
5. Capacidad de aprender durante toda la vida como garantía de una formación permanente en los contextos profesionales, en lo individual y en lo social.
Se nos propone una lista de competencias tan sugestiva como desafiante, que nos invita a contrastar las que ya figuran como objetivo en nuestros proyectos educativos y aquellas que todavía leemos con extrañeza por lo distantes que se hallan de nuestra propuesta educativa.
El proceso de formación de las competencias
Podríamos afirmar que la formación en las competencias que se sugieren a nivel personal crea una competencia para la construcción de la nueva sociedad. La adquisición de competencias implica hacer para aprender. La adquisición de una competencia reposa en la experiencia, exige la implicación total del educando en el aprendizaje: pero también precisa que los contenidos sean significativos, sirvan para motivar y puedan ser aplicados después a otros aprendizajes y a la vida. La experiencia de aprendizaje significativo debe constituir una vivencia tanto para los alumnos como para los profesores. Debemos ser prácticos, reflexivos, que hagamos un incesante análisis de nuestro proceso de cognición. Esto exige crear en torno a la educación una cultura de la evaluación y de la investigación.
Parece que las actuales estructuras educativas van en contra de las luminosas soluciones de los pensadores y de la psicología del aprendizaje. Tal vez las prisas o el pragmatismo acelerado nos impidan ver el futuro, formar en vez de acumular, hacer en vez de formar, buscar resultados más que trabajar procesos. La función y el lugar de los enseñantes debe cambiar para que cambien los resultados sin olvidarnos de que si queremos modificar a otros, primero debemos modicar a nosotros mismos.
¿En qué debe cambiar la función de la escuela?
La tarea es ardua y compleja para cada profesor en particular y para toda la comunidad educativa. La educación es un cometido de toda la comunidad, aunque a ella estén dedicados más tiempo los profesionales de la educación. La complejidad supone la imposibilidad de simplificar, pues se trata de que los alumnos adquieran competencias y experiencias simultáneamente.
Un cambio en la función de la escuela implica pensar a la vez en lo cognitivo y en lo emocional: pensar en la sala de la clase y proyectar relaciones con las instituciones y los sistemas: Pensar al mismo tiempo pero sin confundirse, en la parte y en el todo, en los elementos y en la estructura a corto y a largo plazo, en estrategias ascendentes y descendentes, en la escuela y en su entorno, etc. El seguimiento de esta propuesta sistémica puede ser, tal vez, el mayor desafió para una escuela y la clave de su progreso.
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