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EL LASALLISMO EN MÉXICO
(Primera parte)
El principio de un año significa mucho más que un nuevo calendario o el regreso a la vida cotidiana después de las fiestas; es una nueva oportunidad que nos da el Señor, para seguir alcanzando las metas y realizar los proyectos que nos hemos fijado. En principio, quiero desearle a nuestros exalumnos, un venturoso año 2005, en el que podamos crear un porvenir más optimista para México y los mexicanos.
El Señor De La Salle, recibió su oportunidad siendo ya sacerdote, al descubrir en su corazón el profundo anhelo de educar y formar a los niños pobres. Así supo lo que Dios esperaba que hiciera en una sociedad de nula movilidad, como era la existente en la Francia de los Luises, lo cual dificultaba hacer los cambios necesarios para llevar a cabo su noble misión.
Pasada la etapa de fundación y consolidación del Instituto de Hermanos de las Escuelas Cristianas, los Hermanos de La Salle se establecieron en Francia y en otros países de Europa. Pero la obra requería mayor expansión y empezaron a cruzar el mar con el anhelo de propagar su obra bienhechora. Y así, el Señor le dio a México una oportunidad luminosa: el 2 de diciembre de 1905, pisaron tierra mexicana los H.H. JÈBERT (primer Visitador del Distrito México, quien murió en la Argentina), AMÈDEÈ, ADRIEN MARIE Y ANTOINE CLAUDE, quienes se unieron al H. PEDRO CELESTINO, ya presente en nuestra Patria desde el 26 de noviembre. Fue muy importante en esta etapa crucial, por su perfecto conocimiento del idioma español --estuvo en Ecuador y Colombia-- a pesar de haber nacido en Alemania.
Para su sorpresa y alegría, fueron recibidos en la Capital por treinta exalummnos lasallistas que habían estudiado con los Hermanos en Europa, y formaron una Asociación de Exalumnos Lasallistas, la cual envió a dos delegados para recibirlos en Veracruz. El primer acto de los Hermanos recién llegados a la ciudad de México, fue postrarse a los pies de la Virgen de Guadalupe el 3 de diciembre, para ofrecerle su obra, tal como un día lo hicieran el Señor De La Salle y sus primeros Hermanos, ante la Virgen de la Alegría.
Dado que en el 2005 se cumple el Centenario de la llegada de la Obra del Señor De La Salle a México, mencionaremos los hechos más relevantes de su primera etapa en nuestro país, misma que va desde lo relatado en el párrafo anterior, hasta el fusilamiento de tres de ellos en Zacatecas, por el General revolucionario Francisco Villa, y a consecuencia de ello, la orden del Instituto para que salieran de México, rumbo a Francia, Estados Unidos y Cuba.
La primera de las regiones en la que se fundaron escuelas lasallista, es la Poblana: Puebla y Acatzingo (Preparatoria de San Pedro y San Pablo y la de la Concordia); la segunda, Morelia, Querétaro y Zacatecas; la tercera, Saltillo, Monterrey y Torreón; y la región capitalina: Mixcoac, México y Toluca.
REGIÓN POBLANA
La primera escuela de los H.H. en México, fue la conocida como La Concordia (por estar anexa al Templo así llamado), pero su verdadero nombre era Escuela de San Juan Bautista De La Salle. Abrió sus puertas el 12 de enero de 1906. Su primer Director fue el H. Berthier quien en 1907, fuera fundador de la Obra en Morelia. Le sucedió el H. Agnel Isidore y el último Bernier Francois, quien cerró la Escuela en 1914.
De La Concordia vino la primera sangre de los Hermanos Lasallistas, derramada en nuestro suelo: el H. Gerbert –quien sólo tenía 22 años y 2 meses en México-- fue cobardemente asesinado durante un asalto ocurrido en el volcán La Malinche. Asimismo, una epidemia de Tifus cobró la vida de tres Hermanos más.
El resto de esa comunidad respondió a la fatalidad con fe y valor, supliendo en las aulas a los caídos.
La Concordia participó activamente en los días patrios. En esto puede verse la profunda interacción entre nuestra sociedad y los Hermanos, quienes tan sólo estaban interesados en enseñar a los niños en el marco de los valores evangélicos.
El Colegio San Pedro y San Pablo, ubicado al lado este de la Catedral, inició sus actividades en 1906. Podemos decir que junto con la Concordia, fue parte muy importante en la Obra de la región poblana.
En este Colegio se funda la primera escuela de paga; una Primaria. Lo curioso es que la Preparatoria y Comercio eran gratuitos y fueron los propios H.H. quienes lo decidieron de esta manera, para preparar mejor a los futuros preparatorianos, complacer a ciertas familias acomodadas, (las cuales se resistían a enviar a sus hijos a la Concordia) y con el objeto de generar algunos recursos.
La escuela de Acatzingo fue primero “San José” y posteriormente “Nuestra Señora de Guadalupe” . Los pioneros fueron los H.H. Gustave Félix, Director; Aggèe Joseph y Nicandre Noël, quienes iniciaron la obra el 19 de marzo, con bastante buen éxito ya que matricularon a un centenar de alumnos.
No podemos terminar la crónica de la región poblana, sin mencionar la Escuela gratuita de San Ignacio, bajo la dirección del H. Albert Sulpice.
MORELIA.
En la ciudad de Morelia, la obra se inició en el llamado Instituto Científico del Sagrado Corazón . Estaba condenado a desaparecer de no haber sido tomado por nueve H.H. encabezados (como ya se dijo) por el H. Berthier como Director. La escuela tuvo muchos problemas, pero su preparación era de excelencia como lo reconoció un jurado de la Preparatoria Oficial de San Nicolás,
QUERÉTARO.
En Querétaro se dio una historia similar. Los Hermanos se hicieron cargo de una escuela que agonizaba: el Liceo Católico. Fue recibido prácticamente sin muebles, biblioteca y laboratorios por problemas con la anterior administración.
El 21 de septiembre llegaron a esa bella ciudad, catorce Hermanos junto con el H. Charlemagne ( llamado Carlomagno por los mexicanos) el cual es una leyenda en sí mismo. No hablamos más de este “profesor de energía”, (epíteto que se le aplicaba) por falta de espacio, pero fue un hombre y un religioso excepcional, muerto en los Estados Unidos.
Volviendo al Colegio diremos que fue necesario restaurarlo. A pesar de estos problemas, se iniciaron los cursos con 200 alumnos, el 3 de diciembre. Ubíquense en el año de 1908 y verán que es un número muy considerable. Ahí funcionaron dos obras, una de paga y otra gratuita.
Diremos que el Liceo cambió de local --a propuesta de Mons. Manuel Rivera— a un antiguo convento de Carmelitas sumamente bello.
Por su parte, la Escuela Gratuita San Juan Bautista De La Salle tuvo una trayectoria tan feliz como el Liceo.
ZACATECAS.
En Zacatecas llegó de avanzada el H. Adrien Marie Astruc, el 3 de marzo de 1908 y el resto de la comunidad, el 21 del mismo mes. Recibieron para fundar sus escuelas, una Hacienda llamada de San Juan destinada al beneficio de plata, la cual después de ser restaurada, inició su actividad el 5 de abril. Una vez construido el proyecto definitivo se fundaron dos escuelas: la deSan José, de paga y la “Escuela gratuita del Señor San José”. Dado el buen éxito se abrió la Escuela gratuita de la Purísima.
El Internado tuvo que cerrar sus puertas debido a que ya empezaban los disturbios revolucionarios que castigaron severamente a Zacatecas.
Las enfermedades y la guerra cobraron, tanto en Zacatecas las vidas de los H.H. Adrien Marie Astruc, Adolphe François Gilles y el Padre Pascual Vega Alvarado, Capellán, y causaron la desaparición de las obras educativas fundadas por la Obra Lasllista en esta región de la República, En la Página WEB de febrero, continuaremos con esta odisea de amor, fe y heroísmo.
EL LASALLISMO EN MÉXICO
(Segunda parte: La región norteña.)
En mi pasada reflexión PARA COMENTAR, correspondiente a la Página WEB del mes de enero, hablamos sobre la llegada de los Hermanos a México e hicimos una breve reseña de cuáles fueron sus primeras obras educativas en las regiones poblana y central. Por lo que se refiere a lo hecho en la región del Norte y la Capital de la República, lo veremos en este mes y el de marzo.
Ya relatamos cuándo y quiénes fueron los Hermanos que llegaron a Veracruz el 2 de diciembre de 1905 provenientes de Cuba, en donde la obra lasallista se inició el 14 de septiembre del mismo año. No podemos dejar de comentar el hecho de que el Vapor que los trajo a México (de bandera estadounidense) se llamaba VIGILANCE, lo que resulta sorprendente, ya que uno de los principios fundamentales de la pedagogía lasallista es el acompañamiento, traducido del francés “vigilance”. Bello augurio de la Providencia, ya que para Ella no hay coincidencias.
Puede decirse que el Distrito México fue fundado por los cuatro recién llegados Hermanos de La Salle a los pies de la Guadalupana, cuando consagraron y pusieron bajo su protección a “... la nueva Provincia, todos los que formaren parte de la misma y todo el bien que en ella se hiciere”.
El primer Visitador del nuevo Distrito de México fue el Hermano Jèbert, quien duró en su encargo de 1905 a 1908. Extraordinario hombre éste, seguidor del Santo de Reims, quien en 1891 había sido ya director de una Escuela gratuita en Quito, Ecuador, en donde contó con el apoyo invaluable de San Miguel Febres Cordero. El Hermano Jèbert fue un hombre de América, ya que entregó su alma a Dios en la Argentina en 1919.
Ya dijimos que la primera Escuela de los Hermanos en nuestro País, fue La Concordia, de Puebla, y también vimos que el Hno. Berthier, ocupó por primera vez el cargo de Director. Sin embargo, debe destacarse que los Hermanos interactuaron en forma cordial con las sociedades poblana y tlaxcalteca, y rápidamente se adaptaron y adoptaron lo mexicano. Las relaciones se caracterizaron por el respeto, y los padres de familia de esta región –como ocurrió en todas aquellas a donde llegó la obra Lasallista— estaban realmente satisfechos con la formación que recibían sus hijos, tanto en las de paga como en las gratuitas.
“El Norte”, como coloquialmente se llama en México a los Estados y Poblaciones que tienen frontera con los Estados Unidos, está poblado por gente recia que ha sabido arrancar al desierto, no sólo la subsistencia, sino también modos de vida que van desde el decoro hasta el lujo. Su dificultad para sembrar vegetales, los obliga a una dieta a base de carne, lo que seguramente determina su carácter fuerte, apto para el aislamiento al que los condena la naturaleza. Se podría decir que estos conceptos son exagerados para los medios de comunicación de hoy, pero en aquella época llegar a los Estados de norte, era una odisea.
En 1907 llegaron los Hermanos a Coahuila, en donde ya existía una obra dirigida por los Padres Jesuitas, formada por una Iglesia, un colegio de internos y externos y un asilo llamado de la Inmaculada Concepción, al que posteriormente se le añadió una Escuela. Estas dos últimas, estaban dirigidas por una Junta. Cuando Monseñor Echavarría pidió el apoyo de los Hermanos de La Salle, se les entregó el ASILO DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN Y LA ESCUELA ANEXA, pero la Junta siguió regida por el Padre Rector Jesuita.
La combinación de jesuitas y lasallistas dio muy buenos frutos, gracias a la honestidad de los miembros de uno y otro Instituto, las Presidentas de la Junta y las Autoridades del Estado; Inclusive Don Venustiano Carranza vio con buenos ojos la obra de los Hermanos.
Los Hermanos fundaron también la Escuela San Juan Bautista De La Salle, más conocida por la Escuela del H. Nilo, su único director hasta 1914.
Muy cerca de ahí se encontraba Monterrey, la gran urbe del Norte que ya empezaba a industrializarse. Surgió prácticamente de la nada, únicamente del carácter de sus pobladores, quienes tenían esa voluntad férrea característica de los que viven en ambientes naturales difíciles. Si bien son un tanto orientados a la cultura del país del norte, conservan la típica capacidad del mexicano de vivir simultaneamente en dos culturas, sin perder su congruencia personal.
En la Obra escrita en 1977:“ Los Maristas en México”, de Alfonso Junco, podemos leer el siguiente párrafo: “En 1905 (Monterrey) era el emporio masónico de México aunque no del libre pensamiento. Se entraba en las Logias(...) para asegurarse un buen puesto en la política. ¿Ideología? Con tal de que a la hora de gritar te desgañitaras(...) cree lo que quieras y dentro de tu casa sigue siendo tan católico como lo fueron tus abuelos”.
Para que apreciemos cuan común era esta práctica, contaremos a vía de anécdota, que el General Bernardo Reyes, Gobernador del Estado, invitó a los Hermanos que lo visitaron al llegar, a que ingresaran en una logia, como muestra de simpatía y sin pensar en ningún momento sobre lo absurdo de dicha propuesta.
En realidad el Obispo de Linares-Monterrey, Monseñor Santiago de la Garza y Zambrano, pidió al Distrito de México, 10 Hermanos para una escuela preparatoria de paga. Este Obispo murió súbitamente, pero el H. Jèbert puso como condición al nuevo Obispo Monseñor, Leopoldo Ruiz y Flores, que se abriera una escuela gratuita de 4 Religiosos. La preparatoria fue el Instituto del Sagrado Corazón y la gratuita, la de Nuestra Señora de Guadalupe.
Por lo que se refiere a la ciudad de Torreón, a la sazón dependiente de la Diócesis de Saltillo, el propio Monseñor Chavarría pidió una Escuela, la cual fue fundada con el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe. Funcionó tan sólo dos años, ya que fue también alcanzada por la tormenta revolucionaria, aunque la semilla que sembraron los H.H., creció y floreció en el Instituto Francés de la Laguna y la Universidad La Salle Laguna.
A pesar de todas las adversidades, la calidad docente de los Hermanos fue patente en este ciclo que terminó tan dolorosamente. El General Chao, lugarteniente de Villa, lo reconoce cuando hace a los Hermanos el siguiente ofrecimiento, que por supuesto no podían aceptar: “Hemos sabido que son buenos profesores. Si desean permanecer en el país, pueden hacerlo con la condición de no enseñar nada de religión, ¿entendido? ´´
Deseo terminar esta segunda parte de la reseña del lasallismo en México, con esta reflexión: San Juan Bautista De La Salle y sus primeros Hermanos fueron agredidos, primero por un alto funcionario de la Iglesia y por los maestros calígrafos, y dos Siglos después por los gobiernos radicales franceses. En nuestro México, por quienes los confundieron con los “científicos” que apoyaron a la aristocracia de Porfirio Díaz. Pero siguieron la estrella de la fe y continuaron porfiando...
“Bienaventurados los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mat. 5,10)
EL LASALLISMO EN MÉXICO
(Tercera parte: La ciudad de México)
Por una extraña ironía, la capital del país fue la última en recibir a los Hermanos de La Salle, a pesar de que éstos consideraron siempre la necesidad de tener en la ciudad de México, un punto de coordinación para los viajes que exigía la obra –en ese tiempo sumamente difíciles-- y llevar un control administrativo de las instituciones fundadas en la República.
Extrañamente, la Historia del Distrito consigna la fundación capitalina, con los adjetivos: “...larga, dolorosa y de las más humildes”, lo cual es indicativo de cuan ardua fue, si bien agrega con tono lleno de fe: “...más tarde se verá sin duda la mano de Dios en ella”. Efectivamente, muchos inconvenientes, entrevistas fallidas y hasta la muerte de Monseñor P. Alarcón --quien fuera sustituido por Monseñor José Mora y del Río-- se atravesaron en el camino.
La verdad es que salvo excepciones, las autoridades eclesiásticas de la ciudad de México, no tenían una idea muy clara de qué era la pedagogía y espiritualidad lasallistas, por lo que pensaban que se trataba de una Escuela religiosa más como otras que ya existían aquí y, éstas últimas, a mucho menor costo. Por eso no se comprendía la necesidad de los requerimientos mínimos que debían satisfacerse para la operación –diríamos en términos modernos-- de una Institución lasallista.
Sin embargo el Vicario General, Monseñor Antonio de J. Paredes insistió, y Monseñor Mora dio su anuencia para los aspectos económicos de la fundación y al fin ( a pesar de varios inconvenientes más) las clases empezaron el 4 de julio de 1910, en la Escuela Gratuita de la Colonia Santa María la Ribera, la cual se llamó: COLEGIO SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE. Su Director fue el H. Anobert Joseph, asistido por los Hermanos Amateur Victor, Amarin Joseph y Alexandre Hubert.
Si pensamos con la mentalidad actual, podemos decir que las obras de Mixcoac y San Borja (ubicada en lo que hoy es la Colonia del Valle) son capitalinas; pero esto sólo como consecuencia de la forma impresionante en que ha crecido la ciudad, a partir de la mitad del Siglo XX. Sin embargo, en la primera etapa de los Hermanos de La Salle en nuestro país, tanto una como la otra se encontraban distantes de la entonces ciudad de México.
Hablemos primero del Colegio del Sagrado Corazón, que lleva en la actualidad el nombre del libertador Simón Bolivar, institución que tiene las historia más larga de todos los colegios lasallistas en capital mexicana, ya que inició en 1910 y sigue educando niños y jóvenes a la fecha de esta reseña, con una interrupción de tan sólo 8 años, debida a disturbios políticos.
Su historia está íntimamente asociada a la de de Don Felipe Martel y Barbosa y su familia, quienes tanto hicieron por los Hermanos en la ciudad de México y en general por la educación cristiana, ya que previamente habían construido en Mixcoac obras como el Hospital de San Agustín, el Colegio Teresiano y el Colegio “El Zacatito”.
Podemos empezar diciendo que tan nobles personas le ofrecieron a los Hermanos el casco de la Hacienda del Zacate, llamado por esta razón el “Zacatito” que previamente había alojado una Escuela para niñas, manejada por las Madres Teresianas. La familia Martel deseaba una Escuela de paga --similar a la de dichas religiosas-- para los hijos de familias acomodadas, pero el Hermano Visitador la quería gratuita en beneficio de los niños pobres, logrando al final que la familia aceptara la Primaria gratuita y la escuela de Comercio de paga, lo cual es congruente con el concepto de gratuidad del Instituto. En todo caso, los Hermanos debieron asegurar que los pobres, irían adecuadamente calzados, limpios y convenientemente vestidos.
Esto de ninguna manera debe considerarse en demérito del altruismo y generosidad mostrados por la familia Martel, pero es una muestra de la mentalidad de las clases acomodadas de aquella época, misma que coadyuvó a un movimiento armado cruento y doloroso. Así mismo es ilustrativa del problema que frecuentemente enfrentaron los Hermanos de La Salle, quienes sufrieron la agresión de los revolucionarios por su supuesta inclusión al lado de “los ricos” y eran presionados por estos últimos debido a su preferencia por los pobres. Aún en nuestros días se deja sentir esta irónica y triste contradicción antievangélica, aunque afortunadamente en mucho menor medida, conforme han pasado los años y se han ampliado las mentes. Ojalá no volvamos nunca a ese pasado de contradicciones antievangélicas, que provocaron inequidad y violencia...
Volviendo a nuestra crónica, el Colegio del Sagrado Corazón comenzó con los Hermanos Bérnard Vincent (Director), Gerbertus, Angel Pierre, Amable Marie y Narsète Elie, el 10 de enero de 1910, a los cuales se sumaron Antel Arsène, Abdonis Marie y Nicestas Joseph. El número de alumnos ascendía a 150 y se había duplicado para 1914.
Posteriormente se creó un medio internado en la población de San Ángel para señoritas de clase adinerada.
EL LASALLISMO EN MÉXICO
(Cuarta parte: La ciudad de México, continuación)
Reseñamos en la Página WEB correspondiente al mes de marzo, la obra de los Hermanos en la Capital e hicimos un pequeño esbozo de lo difícil que fue, a pesar de la aceptación que sentían la sociedad y la Iglesia de México por los Hermanos. Nos centraremos en dos instituciones que ya son parte muy importante en la historia educativa de la ciudad: el Simón Bolívar que, como dijimos, se inició con el nombre de Colegio del Sagrado Corazón y el San Borja.
Su historia está íntimamente asociada a los miembros de la familia de Don Felipe Martel y Barbosa, quienes tanto hicieron por los Hermanos en nuestra Ciudad Capital. Estas piadosas personas se habían distinguido ya por dar un fuerte apoyo a la educación cristiana, ya que previamente habían construido en Mixcoac obras como el Hospital de San Agustín, el Colegio Teresiano y el Colegio llamado “El Zacatito”, por ser el casco de la Hacienda “El Zacate”.
Podemos empezar diciendo que tan nobles personas le ofrecieron a los Hermanos el mencionado “Zacatito”, el cual había alojado una Escuela para niñas dirigida por las Madres Teresianas. La familia Martel deseaba una Escuela de paga --similar a la de dichas religiosas-- para los hijos de familias acomodadas, pero el Hermano Visitador la quería gratuita en beneficio de los niños pobres, logrando al final que la familia aceptara la Primaria gratuita y la escuela de Comercio de paga, lo cual es congruente con el concepto de gratuidad de la Regla Lasallista, que únicamente se aplicaba a la enseñanza primaria y por unas 5 horas diarias.
El Hermano Visitador logró su deseo, pero se comprometió a que los pobres, fueran adecuadamente calzados, limpios y convenientemente vestidos.
Esto de ninguna manera debe considerarse una crítica a tan grandes bienhechores; se menciona tan sólo para mostrar la mentalidad de las clases pudientes de aquella época, misma que coadyuvó significativamente, a un movimiento armado, cruento y doloroso. Así mismo, es ilustrativa del problema que frecuentemente enfrentaron los Hermanos de La Salle, quienes sufrieron la agresión de los revolucionarios por su supuesta inclusión en el bando de “los ricos”, pero eran también presionados por estos últimos, debido a su preferencia por los pobres.
Volviendo a nuestra crónica, el Colegio del Sagrado Corazón comenzó con los Hermanos Bérnard Vincent (Director), Gerbertus, Angel Pierre, Amable Marie y Narsète Elie, el 10 de enero de 1910, a los cuales se sumaron Antel Arsène, Abdonis Marie y Nicestas Joseph. El número de alumnos ascendía a 150 y se había duplicado para 1914.
La formación en la excelencia académica y los sólidos valores cristianos, fueron sumamente cuidados. La disciplina era rígida pero humana, ya que al lado de los estudios, se llevaban a cabo paseos por los bellos contornos de la ciudad --parte en tranvía y parte a pie-- lo cual era bueno para el espíritu y para el cuerpo. Su acercamiento a San Ángel dio lugar a que se creara un medio internado para las familias de esa población descrita por los Hermanos Grousset y Meissonier como una: “...soberbia pequeña ciudad burguesa...” concepto que en los principios del Siglo XXI, puede considerarse vigente.
El lema del Hermano Director, en el sentido de que: “...el orden, limpieza y disciplina, de buena manera serían base de la organización de los estudios y los elementos de éxito”, fue una norma firmemente aplicada que condujo a excelentes resultados, lo que se demuestra con el hecho de que en la actualidad, el Simón Bolívar es uno de los centros educativos preferidos por los padres de familia y por los propios estudiantes, quienes con orgullo se dan el nombre de “simoneros”.
Iniciando la historia de San Borja, diremos que otra vez se dejó sentir la mano generosa de Don Felipe Martel, la que infiuyó para que se adquiriese este inmueble, al persuadir al dueño, Don Ignacio Banderas, para que vendiera la propiedad. Además, le prestó una cantidad al Hermano Visitador para que pagase el “enganche” (el cual le fue devuelto casi de inmediato) y asesoró a los lasallistas durante todo el proceso de compraventa.
La idea de los Hermanos, fue crear en San Borja el Noviciado Lasallista, considerando que tenía algunas construcciones que lo permitían muy adecuadamente, así como para hacer una Escuela de Agricultura, en un campo de 7 ha. Llamado El Olivar (gran parte de lo queho es el Olivar del Conde) la cual fue famosa en su tiempo y antecedente para otras similares.
En la sección PARA COMENTAR, de la Página WEB correspondiente al mes de mayo, haremos algunas observaciones más sobre la historia de San Borja e iniciaremos la reseña de lo que fue la segunda gran etapa de los Hermanos en Nuestro México, tierra en la cual habían sembrado tan buena semilla. Esta saga nos recuerda que el cristiano debe esperar caídas y un calvario, si aspira a la vida en abundancia que nos prometió el Señor Jesucristo.
Así lo entendieron los Hermanos de los primeros tiempos en esta tierra tan constrastante y extraña, protegida por la Madre de Dios desde su gestación.
EL LASALLISMO EN MÉXICO
(Quinta parte: el exodo y el retorno )
El mes de mayo está destinado en México a celebrar a las madres (primeras educadoras por disposición de Dios) y a los maestros del mundo, cuyo Santo Patrono es San Juan Bautista De La Salle, fundador del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, del cual contamos su historia en tierras mexicanas. Es un mes especial para los lasallistas quienes, después de su acendrada creencia en Cristo, se caracterizan por su vocación de enseñar en el marco de la espiritualidad y de la excelencia académica.
Hemos relatado cómo la injusticia de unos, acarreó daños a la labor bienhechora de otros. Este fue el caso de los Hermanos Lasallistas, quienes después de haber fundado escuelas de gran calidad en toda la República, fueron privados de todo –en ciertos casos hasta de la vida— por hombres que deseaban construir otro México, lo que en sí era bueno, pero que destruían por ignorancia, lo único que podía asegurar el proceso para crear un país justo y próspero: centros de formación integral para las nuevas generaciones.
La labor del Noviciado en San Borja, inició el 19 de marzo de1911. En aquella época tan dificil, la protección del Señor se hizo evidente ya que ha sobrevivivido a serios problemas desde su fundación. Cito unas palabras de los Hermanos Grousset y Meissonier, consignadas en su Obra, La Salle en México: “Su vitalidad [del Noviciado] le permitió superar más tarde dos persecuciones, tres destierros, mil vaivenes...y con él el Distrito de México. La historia de este último es la historia feliz y trágica de su Noviciado...” . Efectivamente, desde que abrió sus puertas y a pesar de todas las adversidades, ha cumplido con éxito su misión.
SIn embargo, debemos consignar que de las 4 primeras ceremonias de toma de hábito, sólo uno perseveró, lo que llevó a concluir que el sistema de recibir a los aspirantes llegados directamente de su ambiente familiar no era del todo conveniente, y así se funda el Noviciado Menor, cuyo primer Director fue el Hermano Gustave Felix. Dicho Noviciado dio 10 aspirantes, el primero de éllos, el Hermano Luciano Ríos.
El resto de la obra fundada en el período prerrevolucionario no fue tan afortunada como el Noviciado. Las nubes negras de la inconformidad social se convirtieron en tormenta y se inició el éxodo de los Hermanos a Cuba, los Estados Unidos y Francia, en donde algunos de ellos se dieron de alta en el ejército galo (recuérdese que estamos hablando del año de 1914). Los valerosos Hermanos se hubiesen quedado en nuestro país, pero sus Superiores ordenaron la salida a los lugares mencionados y aquéllos obedecieron.
El Hermano Visitador Niceas Bertin dio la orden de que se cerrarán todas las Escuelas de la Obra, en las regiones de nuestra República, vista la actitud de muchos jefes revolucionarios (afortunadamente no todos) que estaba entre la corrupción y la barbarie, como quedó dolorosamente ratificado en el Cerro de la Bufa. En honor a la justicia, debe consignarse que el General Emiliano Zapata, llamado por la gran burguesía profirista “el Atila del Sur”, fue justo y cortés con los religiosos e incluso tildó de “epilepsia anticlerical” los abusos legales y las acciones de los militares jacobinos.
Ya en pleno Siglo XXI, podemos concluir que muchas de las agresiones que padecieron los Hermanos de La Salle, fueron consecuencia de la ignorancia que se tenía sobre la naturaleza y misión del Instituto, circunstancia que sí se hizo patente en la propia estructura religiosa del México de principios del Siglo pasado --a la llegada de los primeros Hermanos Franceses-- cómo no se iba a manifestar en aquellos hombres rudos, sin educación cristiana y que además, realmente habían sido víctimas o testigos de la falta de equidad, mostrada por muchos de los hacendados de aquel tiempo, tan confuso en lo moral y lo jurídico.
Algún tiempo pasaron los Hermanos en los Estados Unidos, Cuba y Europa. Algunos tomaron los hábitos fuera de México e incluso se quedaron a vivir en los países que con tanta fraternidad los recibieron, pero otros decidieron volver a continuar con el trabajo iniciado y tan cruelmente aplastado a partir de agosto de 1914.
Dijo el brillante Hermano Fernando Anzorena Padilla: “De 1915 a 1919, la semilla estaba oculta. La germinación era lenta: ningún colegio...”
El retorno fue paulatino. No fue la oleada que caracterizó la llegada en 1905 y 1906. La Constitución de 1917 tenía aspectos muy positivos, pero en cuanto a religión era francamente hostil y sectaria. Sin embargo, los Hermanos empezaban a entender esa característica tan perniciosa de muchos de los sistemas mexicanos: no todo lo que se dice se hace y viceversa, lo que eventualmente habría de ser muy útil para la Obra.
Pero una cosa era segura, los Hermanos de La Salle estaban de regreso en México con toda la fuerza que tienen las obras de Dios.
EL LASALLISMO EN MÉXICO
(Sexta parte: años de inquietud )
Los Hermanos estaban otra vez en México en los años veintes del Siglo pasado. Su regreso fue discreto y callado, pero siempre firme...constante...valeroso. Las violencias del movimiento armado revolucionario, ya no se veían con tanta frecuencia. Madero, Zapata, Villa y Carranza ya no figuraban, pero aÚn quedaba un largo camino por recorrer para llegar a la libertad de creencias. En ese momento histórico, tres caudillos, tal vez no muy parecidos entre sí, pero con similar irreligiosidad, abrirían nuevos senderos de conflicto: los Generales Álvaro Obregón (1920-1924), Plutarco Elías Calles (1924-1928) y su “maximato”(1928-1934) y Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940).
Los dos primeros, ambos sonorenses, se convirtieron en los hombres fuertes de México, y trajeron cierta precaria estabilidad económica y política al nuevo régimen, que usaba el nombre genérico de “revolucionario”, a falta de nombre y apellido, ya que estalló en contra de la dictadura del General Porfirio Díaz y la prepotencia de los hacendados de México -- que ciertamente tenían mucho de Señores Feudales-- pero nunca quedó muy claro en favor de qué era. Quizá de un concepto un tanto vago de democracia, el cual no dio muchos resultados, ya que de 1910 a la fecha, se han realizado en México, contadas elecciones presidenciales dignas de tal nombre.
El ataque a la Iglesia durante la presidencia de Obregón (1920-1924) se dejó ver con violencia: una agresión con explosivos en contra del Palacio Arzobispal y otra dentro de la Basílica de Guadalupe. Además, se expulsó al Delegado Apostólico, Monseñor Filippi.
Calles a su vez (1924-1928), se tornó --ya como Presidente de la República-- en una némesis jacobina. Para esto no necesitó esforzarse mucho, ya que por los términos en que estaba redactada la Constitución de 1917, bastaba con aplicarla para asestar un duro golpe a todo lo que fuese religioso. Curiosamente, al principio de su gobierno en 1924, se autorizó el Primer Congreso Eucarístico, celebrado en la Capital de la República. Si Calles pretendió hacer una concesión al pueblo católico para tranquilizarlo, el resultado fue adverso, porque se fortaleció el sentimiento religioso, y quedó el campo abonado para que el catolicismo mexicano no soportara más afrentas.
Además, empezó a aplicarse la Ley Reglamentaria del artículo 130, y posteriormente la llamada “Ley Calles” que era una reforma virulentamente antirreligiosa al Código Penal. Esta ley entró en vigor el 1º de agosto, un día después de que se dictó la Carta Pastoral de Suspensión de Culto, medida con la que la Iglesia respondió a la andanada legal en su contra. Asimismo, se inició la resistencia, primero pacífica y luego armada, de un pueblo que profesaba mayoritariamente el catolicismo y deseaba que sus hijos fueran educados en ese Credo.
Ya en febrero de 1926, la Jerarquía Eclesiástica había enviado un mensaje a la opinión publica, en la que protestaba por un trato legal discriminatorio, que iba en contra del propio espíritu constitucional vigente, en materia de libertad religiosa. En dicha publicación, se dijo que la Constitución del 17: “...arranca de cuajo los pocos derechos que la Constitución de 1857(...)reconoció a la Iglesia como sociedad y a los católicos como individuos.”
Posteriormente la Iglesia decretó la suspensión del culto a partir del 31 de julio de 1926 y con esto se precipitaron muchos acontecimientos que fueron el marco en el que se desarrollaron las escuelas lasallistas en México.
Se desató la Guerra Cristera con su cauda de violencia y crueldad; la Iglesia se volvió clandestina, lo que incluía a las Escuelas manejadas por Sacerdotes, Religiosas y Religiosos; las acciones heroicas de la grey católica se sucedieron sobre todo en el centro del país; se cometieron atrocidades incluso por el bando cristero, pero superados por los militares gubernamentales que, al no saber por qué morían, mataban casi indiscriminadamente.
En este terrible ambiente, ocurre un pasaje de la historia de México, que resulta sumamente confuso: la muerte de Obregón a manos de un joven activista católico, llamado José De Leon Toral. La historia oficial dice que dicha muerte fue el resultado de una conjura fraguada por la Iglesia y Toral, bajo tortura, confesó haber dado muerte a Obregón, pero jamás aceptó la mencionada conjura. Por otro lado, el comentario entre la gente de la calle, era que fue obra del propio Calles. Ante las preguntas de muchos, la respuesta popular era: “calles..e usted”. Interiorizar en este asunto, se sale del objeto de esta reseña, pero sí hacemos notar que la situación causó temor en todo el País y. muy especialmente, en el Colegio San Borja, ya que Toral era profesor de dibujo en éste. Era previsible que se tomaran represalias, pero Dios tendió su manto y nada ocurrió en contra de ese centro educativo gratuito, que florecía espléndidamente, a pesar de todas las dificultades.
La guerra civil terminó oficialmente, el 21 de junio de 1929, con una intervención del Embajador estadounidense, quien se manejó con habilidad, tanto en México como en el Vaticano. Se firmaron acuerdos en los que se hablaba de amnistía (la cual de hecho no se aplicó, ya que fueron muertos más de 1500 cristeros), devolución de inmuebles de la Iglesia y relación libre de ésta con la Santa Sede. No obstante, siguió vigente el aspecto antijurídico, de un régimen de excepción para la Iglesia y específicamente para los Sacerdotes, Religiosos y Religiosas, los que tenían perfecto derecho a ser tratados como cualquier otro ciudadano, sin importar sus creencias y el tipo de vida que habían elegido libremente.
Siguiendo la historia, Calles nombró a tres Presidentes (1928-1934): el Licenciado Emilio Portes Gil, el Ingeniero Pascual Ortiz Rubio y otro General: Abelardo L. Rodríguez, quienes actuaron bajo las órdenes del “Jefe Máximo de la Revolución”, motivo por el que se conoce a este período como el “maximato”. Otro que estaba destinado a ser comparsa de Calles, fue el General Lázaro Cárdenas del Río, pero éste se negó a obedecer, realmente ejerció el poder y sacó a Calles del País. Para los católicos, no hubo mucha variación, ya que el nuevo Presidente implantó la educación “socialista”, tendencia que estaba de moda y se comportó tan intransigente como Obregón y Calles.
Una ventaja tuvo Cárdenas, su visión política. El sucesor natural de éste lo habría sido el General Francisco Múgica, tan radical de la izquierda como el Presidente. Sin embargo, se dio cuenta de que los Estados Unidos no iban a tolerar medidas socialistas en la economía mexicana y probablemente íbamos a ser atacados militarmente, por lo que decidió dejar como Presidente al General Manuel Ávila Camacho, el cual, católico declarado, empezó a seguir la linea de no aplicar las leyes antirreligiosas en forma paulatina. Y esto permitió el florecimiento de la educación cristiana, tan bien representada por el lasallismo mexicano.
Este fue el entorno que rodeó la segunda etapa de los lasallistas en México. Ha sido necesario mencionar, aun de forma somera, los aspectos que permitan entender el heroísmo, la fe, el espíritu de servicio y el valor personal de los Hermanos y los laicos comprometidos con la Obra, cualidades que debieron mostrar en abundancia durante este período aciago, para que las Escuelas Cristianas se volviesen lo que son a la fecha.
En la Página WEB correspondiente a agosto, relataremos cómo “San Borja”, “La Concepción”, de Belisario Domínguez y el “Zacatito” en Mixcoac, sobrellevaron tan difíciles circunstancias , hasta llegar a los años cuarentas, en los que según veremos, amainó la tormenta.
EL LASALLISMO EN MÉXICO
(Séptima parte: años de progreso y libertad )
Dice la voz popular: “No hay mal que dure 100 años, ni enfermo que los resista”. Y eso fue lo que pasó con la persecución religiosa en México. Fue un mal que duró 25 terribles años, pero que empezó a extinguirse durante el período que va de 1937 a 1947 -- primero lentamente, luego con rapidez-- hasta que prácticamente desapareció. En cuanto al pueblo católico mexicano, gracias a su fe, demostró ser un enfermo de extraordinario valor y resistencia, lo que le permitió reiniciar su viejo sueño de educar libremente a sus hijos en el marco de la religión que profesaba.
Las leyes antirreligiosas, como se dice de aquellas que en la época del Virreinato, llegaban de la Península a la Nueva España, “se acataban pero no se cumplían”; además, se rehizo la redacción del Artículo Tercero Constitucional a términos menos sectarios. Esto permitió que las Escuelas y Colegios de religiosos, floreciesen como había ocurrido antes del trágico 1914. Dicha alborada se dio, sobre todo, a partir de los años cuarentas, fecha en la que podremos relatar con colores más alegres, lo realizado por la obra de los Hermanos de La Salle en México, ya que la etapa de los negros y los grises empezaba a quedar atrás.
Funcionó en la Angelópolis, desde 1932, la Academia Motolinía, institución que resistió heroicamente los años más duros de la Persecución, hasta que cambió de nombre a Colegio Benavente de Puebla, con motivo de su incorporación a la SEP, el 1º de febrero de 1938.
En la ciudad de México se obtuvo la autorización para los Colegios Cristóbal Colón y Simón Bolívar, los cuales se fundaron el 6 de enero de 1938. El primero se estableció en las calles de Sadi Carnot y el segundo en la calle de Lucerna, para poco después trasladarse al recordado y querido “Zacatito” de Mixcoac. Ambas instituciones son de feliz memoria en la vida académica mexicana.
Estos tres colegios: Benavente, Cristóbal Colón y Simón Bolívar, son los padres de la tercera fundación del lasallismo en México, si bien, pisando todavía terreno peligroso aunque ya en vías de solidificación. Recordemos que en 1940, regresaron los Hermanos que se habían exiliado en Lafayette, La. y Las Vegas, Nuevo México, E.U., y después de dos años en Tacubaya, fueron a la Casa de Formación en Tlalpan. Viene una época de auge y expansión extraordinaria en 30 años: de 1940 a 1970.
Debemos mencionar como Colegios y Escuelas de gran trascendencia a las siguientes Instituciones: “Instituto Francés de La Laguna”, Gómez Palacio, Durango (1939); “Instituto Regiomontano” (1942); “Colegio Francisco Febres Cordero”, Guadalajara (1944), Francisco era el nombre en el mundo del Hermano Miguel Febres Cordero, el santo lasallista ecuatoriano; “Escuela Cristóbal Colón” y toma de dirección del “Colegio Infantes de la Basílica” (1949); “Reinicio del “Colegio Margil” en Zacatecas, y el “Colegio La Salle”, en león, Gto, en donde estudió el que esto escribe (1952); “Colegio La Salle”, Analco, Puebla e “Instituto Laguense”, Lagos de Moreno, Jal. (ambos en 1953);“Internado Infantil Guadalupano”, D.F. y “Escuela gratuita La Salle”, D.F., Secundaria de la “Escuela Cristóbal Colón (estas 3 en 1954); Colegio Regis” en Hermosillo, Son. y “Colegio Guadiana”, Durango, (1955); “Normal Superior en el Colegio Benavente”, Puebla y “Colegio José de Escandón” Cd. Victoria Tam. (1956); “Colegio Fray Miguel de Bolonia, San Juan de los Lagos, “Colegio Miguel Hidalgo”, Tapachula, Chis., “Escuela La Salle”, Nicolás de los Garza, N.L. (1957) “Escuela Fundación Mier y Pesado”, Coyoacán, Mex. (1958); “Normal Primaria en el Colegio Benavente” e “Instituto La Salle”, Cd. Obregón, Son. (1959); “Colegio La Salle”, en Acapulco, “Escuela Gerardo Monier”, Mex., “Escuela Jardín” , Mex., “Colegio Fresnillo”, Zácatecas (estos 4 en 1961); “Universidad La Salle”, Ciudad de México, “Colegio Simón Bolívar del Pedregal”, “Escuela gratuita La Salle”, León, Gto., “Escuela nocturna para obreros”, hoy vespertina del Simón Bolívar, “Colegio De La Salle” Matamoros, “Colegio Regiomontano Contry ((estos 5 en 1962); “Colegio Vasco de Quiroga”, La Piedad, Mich.(1963); “Colegio Benavente”, Tehuacan, Pue, e “Instituto La Salle”, Chih. (1964); “Colegio La Salle”, Tuxtla, Chis., “Colegio La Salle Delicias”, Coah. (1966); “Universidad del Bajío”, hoy La Salle Bajío y “Colegio La Salle”, Monclova, Coah. (ambos en 1968); “Colegio La Salle de la Montaña”. Silao, Gto. (1970).
Lo anterior en cuanto a fundación de Escuelas, pero debemos mencionar otros importantes acontecimientos que tuvieron lugar durante esta época de mayor estabilidad.
Podemos empezar por mencionar que el 1º de julio de 1947, el Distrito de México -- que se fusionara al de Cuba en 1921-- se volvió a constituir de manera independiente, con el Hermano Bernard Grousset, como Visitador.
Posteriormente, se dividió en Distrito México Sur y Distrito México Norte el año de 1960, dada la gran cantidad de obras fundadas en todo el País, lo que era excesivo para un solo Visitador, y para ser congruentes con los calendarios escolares para distintas regiones, que diferían en fechas de inicio y terminación.
El 2 de enero de 1960, quedaron constituidos ambos Distritos quedando como Visitador del Sur, el Hermano Víctor Bertrand, y en el Norte, el Hermano Bernard Grousset, precisamente el que fuera la cabeza del reiniciado Distrito de México en 1947.
Terminaremos esta Página mencionando el duro revés que afectó a los Hermanos Lasallistas en Cuba, con el triunfo de la Revolución Socialista encabezada por Fidel Castro, el cual, como de manera absurda parece ocurrirles a todos los revolucionarios, vio en la Iglesia a un enemigo más. Este sismo político, repercutió en las obras lasallistas de la Isla. La situación de 1914 se revirtió y ahora fue el Lasallismo mexicano el que le abrió los brazos al cubano, que venía huyendo de la intolerancia. Una vez más los Hermanos de La Salle, cuyo fin es servir a los pobres, fueron víctimas de aquellos que dicen defender a los pobres. Extraña ironía...
EL LASALLISMO EN MÉXICO
(Octava parte: antecedentes e inicio del mundo universitario lasallista )
Vimos en la Página anterior la forma tan espléndida en que floreció la obra de los Hermanos de La Salle de los años cuarentas a los setentas. La relación de instituciones mexicanas en donde Hermanos franceses y mexicanos --apoyados por sus colaboradores-- formaban a niños y jóvenes con el carisma del Santo de Reims, empezó a aumentar desde entonces y hasta nuestro días, con nuevos nombres de Colegios, Escuelas, Preparatorias y Universidades, como seguramente también ocurrirá en el futuro, ya que las Obras consagradas a Dios son invulnerables, aunque a veces no lo parezcan.
A partir de los años setentas, la sociedad de todos los países empezó a dar señales de cambio, en gran parte por el avance de la ciencia y la tecnología. En los años ochentas, la “aldea global” anunciada por el célebre comunicólogo canadiense Marshall Mac Luhan, empezó a insinuarse, tímidamente al principio y después en forma dramática, sobre todo en la última década del Siglo pasado.
En el área de la educación, el mundo universitario y empresarial de México empezó a pedir, no sólo mayor capacitación para sus profesionistas, sino que dicha capacitación fuese a través de organismos especializados. Por último pidió como requisito inexcusable, que sus responsables de los mandos medios y superiores, tuviesen estudios de postgrado. Paulatinamente las Asociaciones de Universidades, tanto públicas como particulares, empezaron a tomar medidas para hacer óptima la formación que impartían sus Casas de Estudio, y exigirles determinados requerimientos para acreditarlas en diferentes niveles.
Por su parte, las autoridades de la SEP empezaron a tener mayor contacto con las Universidades más prestigiadas, para apoyarlas en proporción a la caloidad de sus estudios y la seriedad que mostraran en sus trámites administrativos. Podemos decir que en este lapso terminó la época en que “recibirse” (obtener la licenciatura) era la etapa final de estudios para un joven, Su evolución personal y la especialización en ciertas áreas profesionales, ya no dependía de su iniciativa y práctica, sino de estudios formales de Especialidad, Maestría y Doctorado.
El lasallismo de nuestro País decidió que la Universidad La Salle en México (1962) y la del Bajío en León, Guanajuato (19689, debían considerarse nada más la punta de lanza de la educación superior de la Obra y que debía seguirse incursionando en este nuevo ámbito de la formación de jóvenes. Sin descuidar la fundación de instituciones que fueran desde maternal hasta la preparatoria, empezó a dar fuerza a la creación de universidades, conjuntamente con colaboradores de diferentes regiones de la República, en muchos casos egresados de las Escuelas lasallistas, que anhelaban para sus hijos, la excelente educación académica y moral --ya en la licenciatura y el postgrado-- que ellos disfrutaron hasta la Preparatoria.
Estos grupos se constituyeron en Asociaciones Civiles y conjuntamente con el Hermano Superior General, los Hermanos Visitadores de los Distritos Sur y Norte de México, las autoridades distritales y de la Universidad La Salle (en el caso de las Casas de Estudio que pertenecían a su Sistema), surgieron las siguientes Instituciones: UNIVERSIDAD DE LA SALLE BAJÍO (1968); UNIVERSIDAD MARISTA LA SALLE GUADALAJARA(1990); UNIVERSIDAD LA SALLE NOROESTE, UNIVERSIDAD LA SALLE MORELIA, UNIVERSIDAD LA SALLE CUERNAVACA, UNIVERSIDAD LA SALLE CANCÚN (1991); UNIVERSIDAD LA SALLE PUEBLA(1992), UNIVERSIDAD LA SALLE PACHUCA(1994), UNIVERSIDAD LA SALLE CHIHUAHUA(2000); UNIVERSIDAD LA SALLE LAGUNA, UNIVERSIDAD LA SALLE VICTORIA(2001), UNIVERSIDAD LA SALLE SALTILLO (2005) y para el próximo año de 2006, la UNIVERSIDAD LA SALLE DE NEZAHUALCÓYOTL.
Algunas están en la jurisdicción del DISTRITO NORTE y otras del DISTRITO SUR, pero todas están integradas en un Organismo denominado INSTITUCIONES LASALLISTAS MEXICANAS DE EDUCACIÓN SUPERIOR (ILMES).
No me detendré mucho en el aspecto de la administración organizacional de las obras educativas mencionadas; prefiero destacar la continua preocupación para que en cada una de éstas, se impartiese la educación integral propia de los Hermanos, caracterizada por la armonía entre la excelencia académica y una concepción de la vida, siempre respetuosa de la dignidad humana emanada de los valores Evangélicos.
Esto último debe de considerarse muy trascendente en los tiempos que corren, ya que ha aparecido un nuevo escollo para hacer vida los principios en que el lasallismo apoya su obra: me refiero al materialismo que identifica al modelo económico que hemos adoptado en todo el mundo. Recordemos que durante aproximadamente 5 lustros del Siglo XX, los católicos fuimos objeto de persecución por personajes siniestros pero simplistas. Sus armas contra la fe eran la violencia, la discriminación legal y la persecución oficial, abierta o velada.
A pesar de la brutalidad que tantas vidas costó durante los períodos gubernamentales altamente agresivos para el catolicismo, la fe no sólo no fue contenida sino que se fortaleció notablemente. Se hicieron verdad las palabras de un prócer estadounidense: “El árbol de la libertad debe regarse de cuando en cuando, con la sangre de patriotas y tiranos” .
En la actualidad la religión ya no se persigue, pero vemos con alarma que es ignorada por hombres y mujeres cuyo criterio es pragmático a ultranza, actitud que sienten indispensable para obtener el éxito. De ahí la necesidad imperiosa de que en las Universidades, sobre todo en las de inspiración cristiana como son las nacidas de la Obra Lasallista, se alienten los principios evangélicos en todos sus estudiantes, incluso en los niveles de postgrado, para que al llegar a ocupar puestos directivos en las grandes empresas públicas y privadas --trasnacionales en muchos casos-- pongan el tono conciliador entre la eficiencia y la equidad, para hacer de nuestra sociedad una comunidad que busque la paz del Señor y no una selva de alta tecnología.
La obra universitaria lasallista es ya una realidad que consideramos muy benéfica para México, ya que le entrega a la comunidad nacional, generaciones de profesionistas que piensan en el bienestar de sus semejantes tanto como en el suyo propio y ayudan a que en la Empresas en donde trabajan o a las que sirven de manera independiente, se trabaje Juntos y por Asociación
EL LASALLISMO EN MÉXICO
(Novena parte: Consolidación y expansión de las Universidades La Salle)
La importancia de la educación superior formal en México, ha venido tomando fuerza desde la novena década del Siglo XX y lo que llevamos del XXI. La época del método autodidacta o de especialización por práctica profesional, ya es parte del pasado y todo aquel que quiera cultivar una profesión de manera seria y profunda, le queda muy claro que la licenciatura es sólo una etapa más de su preparación y que, por supuesto, el postgrado es un requisito indispensable para participar en una organización, ya sea docente o profesional de cualquier especialidad laboral.
La obra educativa lasallista, consciente de este viraje de nuestro tiempo, empezó a darle la importancia debida a las instituciones de educación superior y dentro de ellas a los grados de Especialidad, Maestría y Doctorado. Así mismo, el Instituto empezó a tener presencia en las asociaciones de Universidades manejadas por particulares, como es el caso de la FEDERACIÓN DE UNIVERIDADES MEXICANAS PARTICULARES DE EDUCACIÓN SUPERIOR (FIMPES), creada el año de 1982, y de la ASOCIACIÓN MEXICANA DE INSTITUCIONES DE EDUCACIÓN SUPERIOR DE INSPIRACIÓN CRISTIANA (AMIESIC) constituida en 1993, cuyo criterio de asociación se basó en la orientación religiosa. A éstas pertenecen lss Universidades La Salle de casi todo el País. Así mismo, se forma parte y se trabaja activamente, en la tradicional ASOCIACIÓN NACIONAL DE UNIVERSIDADES E INSTITUCIONES DE EDUCACIÓN SUPERIOR (ANUIES), que data de 1950, constituida por Casas de Estudio públicas y privadas.
Varios Rectores de la Universidad La Salle en la ciudad de México han tenido puestos directivos en FIMPES, ANUIES y AMIESIC. A la fecha, el que esto escribe es Presidente de este último Organismo.
Lo anterior de ninguna forma supone que nuestra Obra haya olvidado los primeros niveles educativos, pero más en el sentido de pertenecer las obras ya existentes que creando nuevas, si bien, se fundó la Preparatoria La Salle, en Torreón, Coahuila, el 1º de septiembre de 1972; las Escuelas La Salle de Xola en 1954 y la Gerardo Monier el 28 de septiembre de 1976, ambas en la ciudad de México; la Preparatoria Vespertina en el Colegio Cristóbal Colón Lomas Verdes, Edo. de Mex. El 2 de septiembre de 1982, inicio del Centro Educativo La Salle, en Santa Catarina, Nuevo León; inicio de la Preparatoria de la Escuela Cristóbal Colón La Villa, D.F.; se toma la Dirección del Colegio La Salle, en Veracruz, Ver. el 2 de septiembre de 1989, a la que se le agregará un Centro de Educación Continua en julio 1997 y una Secundaria Vespertina en agosto del mismo año; y el inicio de la Escuela La Salle Saltillo, en Coahuila, el 20 de agosto de 2003.
Debe destacarse que las carreras que se imparten en las Universidades La Salle, están adecuadas a las necesidades y características propias de la región en donde están formando a los jóvenes. Un principio que inspira al lasallismo, es enseñar lo que sea útil a los grupos sociales en donde siembra su semilla, viene desde el Santo Fundador, quien por leyes absurdas (que en todos lados las ha habido), se veía constreñido a no poder enseñar en sus Escuela gratuitas, a leer y escribir en Francés y tan sólo en Latín. El enfrentarse a las estructuras de poder de su tiempo, como los maestros calígrafos y otros grupos, provocó que los Hermanos fuesen víctimas de agresiones legales e incluso físicas.
Los Hermanos reconocen que sus Colaboradores Laicos, han sido decisivos en el gran impulso que ha tenido su Obra en México. De esta noble colaboración surge el concepto de Misión Compartida de la cual se habló en el Capitulo General . Cuando la labor de un Colaborador ha sido excepcional, el Instituto le concede el título de “afiliado”, lo que constituye una deferencia muy especial.
“INDIVISA MANENT” MTRO. RAÚL VALADEZ GARCÍA, FSC. R E C T O R.
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