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Asociados para el servicio educativo de los pobres
como respuesta lasallista a los desafíos del siglo XXI
Presentación
Asociados para el servicio educativo de los pobres como respuesta lasallista a los desafíos del siglo XXI ha sido el itinerario señalado para hermanos y colaboradores por el 43° Capítulo General del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas llevado a cabo en Roma durante el año 2000.
De La Salle “atento, por inspiración divina, al desamparo humano y espiritual de los hijos de los artesanos y de los pobres” se asoció con los hermanos y con los maestros para dar una respuesta, la educación cristiana.
Por lo que la asociación de todos los lasallistas es lo que siempre y para hoy nos señala el fundador, para dar respuestas a las necesidades de “esta juventud, pobre y necesitada, alejada de la salvación”; en los últimos 40 años se ha ido creciendo y transitando del Profesor Seglar (1966-1967), a Familia Lasallista (1986), a Misión Compartida (1993) y Asociados para el Servicio Educativo de los Pobres (2000).
La noción de asociación en el contexto actual
Profesor Guy Avanzini
¿Cómo pensar la asociación en el contexto actual?
Pregunta muy difícil porque, después del análisis erudito del H. Michel Sauvage, me arriesgo a tener unos propósitos bastante pobres. Si como ha dicho el Cardenal Garrone, lo que es claro es falso y lo que es oscuro es inútil, no puedo de ningún modo encontrar mi camino más que el claroscuro. Para esto trataré de diferenciar
En primer lugar, los factores de dificultad,
Luego, unas razones de fidelidad
Y, finalmente, algunos problemas a identificar para intentar la refundación de la que se ha hablado aquí hace unos instantes.
1- Cuatro factores de dificultad
Entre los factores de dificultad me quedo con cuatro
1.1- Primer factor, de orden jurídico: la asociación
El primero es de orden jurídico: en el origen, las escuelas han sido abiertas y dirigidas por religiosos que han emitido votos y tomado un compromiso definitivo, en principio irrevocable e inviolable. Y, particularmente, este voto heroico de consagración total, de comprometerse eventualmente a vivir sólo de pan y de limosna, cosa que conlleva e implica un sentimiento de pertenencia muy intenso.
Hoy, en cambio, la noción de asociación en su vocabulario común y en las mentalidades es comprendida y percibida de manera muy diferente y mucho más limitada. Ha sido reducida a la concepción adoptada y retenida por la ley de 1901 en Francia. Se trata en realidad de una sociedad creado por contrato y, consecuentemente, sostenida porla sola voluntad de sus miembros. Los sociólogos oponen “sociedad” (en cuanto depende sólo de esta voluntad) a “institución” que, por el contrario precede a sus miembros, los desborda, moviliza agentes o actores sin estar vinculadas a sus deseos. Por ejemplo, se dirá que el matrimonio cristiano es una institución porque no es, una vez contraído, revocable por la voluntad de sus contrayentes o que la Sociedad Nacional de Colegios en Francia es una institución porque precede a sus agentes y los sobrevive. El contrato, en cambio, es revocable y, de hecho, en los estatutos de asociaciones (ley de 1901 en Francia) siempre se precisa que la calidad de miembro se puede perder por renuncia o que la sociedad puede decidir sobre su propia disolución.
Hay aquí un problema jurídico: la noción de asociación no tenía la misma acepción en la época de san Juan Bautista De La Salle que ahora.
1.2- Segundo factor, de la escuela de los Hermanos, a los profesores
Una segunda dificultad podría ser caracterizada como espiritual.
En el origen de las escuelas de los Hermanos son escuelas de hermanos, en la que eventualmente hay algunos que no son religiosos, pero cuyo rol es secundario. Más aún, estos religiosos existen juntos, es decir que viven en el lugar, forman una comunidad, son una comunidad. Están totalmente dedicados a los alumnos de una manera permanente, de manera que no existe esa dualidad de función entre el profesor y el personal en general, que se ha acentuado cuando los docente que han sido civiles que viven fuera y aseguran las tareas de la enseñanza pero no de la educación. Vemos aparecer una dualidad que, en el pasado, no existía, debido a que el Hermano estaba siempre al pie del cañón. Más todavía, esta presencia era vivida por cada religioso como un ministerio, cosa que conlleva, en el límite, una dimensión mística.
Hoy la disminución de sus efectivos, o la ausencia de la comunidad religiosa, ha llevado a la “laicización” del personal: directivos y profesores tienen otras cargas que ya no son sus tareas habituales. En consecuencia, su nivel de implicación ya no es el mismo que en el pasado. Es variable según las personas. La docencia no es más vivida por todos, quienquiera que sea (salvo casos particulares) como un ministerio, sino como una profesión. Y esto puede ser acompañado de reivindicaciones que llevan a la disminución del trabajo y no a mayor compromiso.
1.3- Tercer factor, autoridad y poder, el status
Una tercera dificultad es de orden sociológico.
En el pasado, el religioso estaba en una situación de obediencia respecto de un superior, que era simultáneamente el director del establecimiento. Dicho de otro modo, plano espiritual y plano temporal-profesional se confundían. No hay que hablar de un equipo pedagógico como de un objetivo, porque está constituido ipso facto aunque no se esté modelizado o explicitado. Más aún, el director, superior religioso, sin idealizar la situación, es al menos como punto de partida, en primera instancia respetado: su autoridad es adquirida en función de su status.
En cambio hoy aparece una disociación a veces muy dura, muy cruel, entre autoridad y poder. El poder es lo que alguien tiene por su status, es decir el derecho que tien de tomar tales o tales decisiones. Pero la autoridad no emana del status, sino de la persona, de la calidad que le es reconocida, de la competencia de la que prueba, de su prestigio moral o espiritual.
En el pasado autoridad y poder eran, de algún modo simultáneos: la posesión del status confiere de partida la posibilidad de usar los poderes. Hoy, un clima de protesta emana, con modalidades y proporciones variables, de los profesores, los alumnos, las familias... de mod que la autoridad ya no es poseída de por sí; hay que conquistarla, hay que adquirirla y es en la medida en que el director está investido de ella, que puede, sin provocar dramas, usar sus poderes. Llevando al extremo, se puede decir que el responsable que no tiene autoridad personal no llegar jamás a utilizar sus poderes. En otros términos, el poder ya no es recibido de un modo que podríamos llamar sagrado, a la manera de los religiosos, sino de un modo funcional. Sus profesores, sus equipos docentes no les han hecho un voto de obediencia y no están resueltos a emitirlo. Su tarea sería seguramente mucho más fácil y su responsabilidad mucho mayor. Se pueden preguntar, a mode de ejercicio de imaginación, qué harían si las cosas fueran así.
Y todavía más: esto está acompañado por una paradoja. Académicamente, solo es director es conocido y reconocido, es el único dueño de la situación; el único conocido por la administración académica, mientras que la congregación que tiene la tutela no está en la misma posición. Hay aquí un problema, que encontraremos enseguida entre el derecho civil y el derecho canónico.
1.4- Cuarto factor, priorización de las materias profanas
Un cuarto factor, finalmente, es que había en el pasado homogeneidad del cuerpo docente,de la comunidad educativa, de los Hermanos, asegurada por su status, su formación, su espiritualidad, su mirada catequística, la prioridad dada las finalidades espirituales. Hoy, todo va de otro modo, por el conjunto de las partes que forman el establecimiento y su cuerpo docente es extremadamente heterogéneo, marcado por una diversidad considerable en el campo pedagógico, religioso y político. Incluso algunos no se reconocen como cristianos o son más o menos creyentes, con una cultura religiosa muy desigual, generalmente más débil cuando son más jóvenes. En consecuencia, hay una gran heterogeneidad en el seno del cuerpo docente.
Por otro lado, hay una acentuación de un conflicto o, por lo menos, una tensión entre fines temporales y fines esprituales. En la perspectiva clásica de la pedagogía cristiana, las disciplinas profanas son medios para acceder al conocimiento de la Revelació, para acceder a la catequesis. Hoy, los fines temporales tienden a acaparar toda la atención, al menos en la mentalidad de muchos padres de familia. En el extremo, las actividades de orden religioso son marginadas por los alumnos, familias y profesores, con una jerarquización que varía según su mayor o menor implicación religiosa. Hay una suerte de inversión de valores, según se trate de la comunidad de Hermanos, allí donde existe, o de los alumnos y su familia, o de los profesores.
Estos cuatro factores de dificultad: jurídicas, psicológicas y pedagógicas, se manifiestan por la contractualización del vínculo profesional, que se sustituye al carácter institucional de la asociación en sus orígenes. Laicización del status, fragilización de los responsables, heterogeneización de los fines, de las miradas, de las perspectivas, de los objetivos. Se pasa globalmente de un vínculo de tipo místico aun vínculo de tipo funcional.
2- Algunos datos positivos
2.1- Juan Bautista De La Salle, los Hermanos y los maestros para el campo
El primero (y que yo me contentaré con mencionar porque me faltarían muchas informaciones históricas de las que carezco) podría ser llamado “el retorno a una tradición abortada”.
Juan Bautista De La Salle había querido un seminario de maestros rurales, a quienes soñaba formar para el campo, en un lugar específico y que hubiera constituido una especie de escuela normal, presentimiento de las del siglo XIX.
A favor de las circunstancias actuales el proyecto podría ser reactivado, retomado para dar lugar a una forma institucional de las que hay que trazar las grandes líneas. De una cierta manera, esta asociación de religiosos y no religiosos y la puesta en relieve del rol del no religioso en el seno de la asociación nuevamente pensada, podría ser comprendida como una vuelta a una voluntad, a una intención que en su tiempo, no pudo llegar a término pero que podría ser reactivada, retomada y dar lugar a una istitucionalización original.
2.2- Elemento teológico, la participación del laicado
Un segundo factor es de orden teológico. Globalmente, la promoción del laicado en el movimiento y la dinámica del Concilio Vaticano II que modifica las mentalidades y constituye una estimulación para una asociación pensada de un modo nuevo y conllevando la participación de no religosos.
2.3- Elemento sociológico, participación de los laicos en diversas actividades
Un tercer factor, de tipo sociológico, es la existencia de lo que podría llamarse círculos concéntricos, es decir la participación de laicos en diversas actividades, el soporte aportado a los establecimientos lasallistas por los exalumnos, por los consejos de administración, las asociaciones lasallistas de todo tipo. Hay ya en ello, de un cierto modo modalidades de asociación susceptibles de desarrollo, de extensión.
2.4- Elemento espiritual, la asociación
Querría insistir todavía sobre un cuarto factor espiritual.
Es el deseo, perceptible entre ustedes, de otra concepción de la asociación, lo que lleva a una reflexión sobre este término. En la tradición se habla de asociarse conotro; se trata de una alianza funcional. Pero hoy, si miramos los textos de ciertos Capítulos de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, la expresión es diferente y significativa: no se habla ya de “asociarse con”, sino de “estar asociado en”. La diferencia de formulación es muy importante puesto que ella implica una diferencia de significado. ¿”Estar asociado” en qué? En una misión compartida. “Asociación”, entonces, significa participación, corresponsabilidad: participación en la decisión, en la conducción, más todavía, en la espiritualidad. Aquí, en cuanto compartida, la misión trasciende la diversidad de los status; los que están asociados en esta misión difieren por su status: unos son religiosos, otros no, unos son directivos, otros son docentes, otros auxiliares. Son diferentes por su status pero no son desiguales en sus responsabilidades. Y, sobre todo, los no religiosos no son ya simplemente suplentes, auxiliares, colaboradores, en el sentido que esto implicase una subordinación a lo que dicen “mis colaboradores”: son participantes en una responsabilidad.
Hay que reflexionar sobre esta evolución de la noción de asociación. Según se quiere decir con “asociarse con” o con “estar asociado en”. Puede ase que allí esté el nudo o la bisagra en la concepción y dinámica de la asociación.
2.5- Una voluntad de asociación, convergencia y reciprocidad
Esta está subordinada a una voluntad compartida por los que quieren “estar asociados en”. Una clave importante, el quinto factor, es por supuesto, que esta voluntad de asociación, de “estar asociados en” sea compartida.
Dado que lo es por los Hermanos, tal como lo dicen sus Capítulos, lo ha de ser por ustedes mismos: la presencia de ustedes aquí es el signo, signo de una voluntad de participación en un carisma, que conlleva una doble característica: convergencia de personas que tienen status diferentes y reciprocidad. Ambas cosas son necesarias a la vez: convergencia y reciprocidad de deseos.
2.6- Una tutela renovada, la red
El sexto factor positivo ha sido enunciado a la hora de recapitular las exposiciones de los talleres de ayer: es lo que podríamos llamar el renacimiento de la tutela, es decir, el deseo, parece que fuertemente sentido por muchos, de una tutela más presente, más activa, más unificadora que determine especificaciones.
Este deseo, me parece constatarlo hoy, de una manera muy marcada en la experiencia de los últimos años de muchas congregaciones, sobre todo congregaciones fuerte o específicamente docentes y, sobre todo las que reúnen esas dos características. En esos casos, el deso de una tutela homogeneizante, más activa, más presente, se comprueba, mucho más que cuando se trata de una pequeña congregación polivalente, que no asegura la tutela sino a un pequeño número de establecimientos y que tiene, consecuentemente, muchas menos dificultades para ponerla en práctica.
Esto se manifiesta a través de la noción de “red”, noción que merece también ser objeto de una reflexión. La red, no tiene propiamente hablando, una consistencia jurídica, sino que tiene una acepción pedagógica; la reflexión implica la voluntad de derivar características por referencia a las cuales pudiera aparecer su identidad.
Se presenta como horizontal, reúne establecimientos sobre el modo de esta horizontalidad, como funcional, pero no simplemente funcional: es espritual también. No es simplemente administrativa, implica compartir una misma convicción educativa, y se esfuerza por homogeneizar sin uniformar. Tiende a suscitar la creatividad, evitando la fragmentación al mismo tiempo, cosa que es el gran riesgo de hoy en día. Sin embargo no hay que permitir que el temor de la fragmentación lleve a la uniformación, que podría rápidamente convertirse en rutina.
La red se presenta entonces como el elemento regulador, en el seno del cual, por el cual, gracias al cual, la creatividad puede desplegarse sin hacerse caprichosa. Es lo que muestran por ejemplo los trabajos y la reflexión del hermano Marcel Aubel.
3- Dificultades para una red
Pero, los problemas persisten. Querría señalar cuatro, ciertamente entre otros, pero son estos los que me parecen particularmente importantes hoy.
3.1- Problema pedagógico, las definiciones, la identidad
Primeramente un problema pedagógico en el sentido más global del término.
La puesta a punto de un nuevo tipo de asociación exige la definición clara de una especificidad. Se invoca de muy buena gana el “carisma”, “el carisma fundacional”, “la intuición fundacional”, en un gran número de instituos religiosos y congregaciones. Pero creo también poder constatar que, muy a menudo, se lo evoca o se le invoca más que lo que se define de sus características. Por lo que hay un gran trabajo para realizar: las características de este carisma, ciertamente hay que redefinirlas, modelizarlas, explicitarlas, argumentarlas, situar unas respecto de otras; hay que comparar carismas de diversas congregaciones dedicadas a la enseñanza.
Por supuesto este trabajo es muy comprometido y ustedes están muy comprometidos con él. Pero hay allí una investigación para profundizar, cosa que tendría que terminar en una formulación precisa, que recapitule un poco las palabras y los grandes rasgos de este carisma y lo sitúe en relación con otras intuiciones fundacionales que, por su parte los que las viven también tratan de redefinir y explicitar.
Si esta especificidad no fuera suficientemente determinada, acabadamente explicitada, fuertemente identificada, podríamos temer la pérdida de las identidades pedagógicas características de distintas congregaciones, su fusión o su disolución en una “enseñanza católica” que no presentaría suficientemente características diferenciadas en sus componentes. Hay ya hoy toda una dinámica de supresión de las diferencias... supuestamente en razón de la intensificación de las reglamentaciones y presiones administrativas, que llevan a una mayor dificultad para salvaguardar la originalidad de los estilos educativos distintos. Se podría ceder fácilmente a la tendencia con una homogeneización mínima, una reducción a un denominador común, que sería el de la educación católica, pero con la pérdida de las intuiciones propias de las identidades. ¿No se observa que muchos establecimientos católicos han estado más preocupados por un ordenamiento de las normas académicas que por la salvaguarda de una especificidad verdaderamente identificadora?
En otros términos, el carisma fundacional, la intuición de base debe ser el fundamento de la red. Es sólo esto lo que puede evitar la rutina y prevenir la anarquía y la dispersión. El hermano Michel Sauvage insistió ayer indicando la tensión entre la comunidad y el Instituto. Traspongamos eso en términos actuales: puede haber un riesgo de valoración de una especificidad de un establecimiento que navegaría apartado de otros establecimientos del Instituto. La red es aquello que puede permitir armonizar estas dos características: estar juntos y por asociación. La tensión evocada es fecunda si es regulada, es decir si exite un procedimiento de regulación.
El problema es entonces llegar a una definición de misión compartida que trascienda cada persona y cada establecimiento.
Es evidente, pero hay que subrayarlo, porque conlleva poder decir la Palabra del Evangelio, sin arrogancia pero sin complejos. ¿Cómo hacer comprender que, respecto de estas cosas, la salvaguarda de la libertad de la persona, cosa que preocupa fuertemente al educador de hoy, exige decir y no callar?, puesto que ser libre para elegir, implica conocer los términos de la elección. No se puede elegir sino entre datos que se conocen. Consecuentemente es la libertad misma de cada persona la que exige que los valores del Evangelio sean dichos y no puestos entre paréntesis bajo pretexto de respetar su libertad. La red debe ayudar a definir las modalidades de esta Palabra.
Haría falta igualmente evocar la noción de proyecto, que es un medio fundamental, sin duda, para llegar a explicitar lo que es común a los diferentes componentes del establecimiento.
Un factor fuerte de la regulación, sea el proyecto del establecimiento o el del Instituto. Su elaboración es extremadamente importante, mucho menos -en cierto modo- por el texto al que se llega (el que por vocación propia está destinado a un estante) que por el proceso de elaboración. Me ha sucedido el año pasado tener que trabajar con un establecimiento (que no es de la red lasallista) en la elaboración del proyecto pedagógico. Para esto me encontré con el consejo de administración, los profesores, los alumnos, los padres de los alumnos, los exalumnos... con cada grupo fue una ocasión de reflexión sobre las características del establecimiento, sobre la intuición fundacional, la especificidad pedagógica. En segundo término fue, para el conjunto de las partes, la ocasión de constatar sus convergencias y ver que, a pesar de la diversidad de sus status, tenían miradas comunes, aunque las expresasen en términos distintos. En tercer lugar fue ocasión para observar que estas convergencias se referían particularmente al deseo de una afirmación más fuerte del carácter católico de la casa, deseo expresado por los alumnos tanto como por los otros agentes, pero por cada uno con el temor de no aparecer como “conserva”. Cuando cada uno pudo expresar por su cuenta, y yo pude hacer aparecer que en realidad todos decían lo mismo, unos y otros se sorprendieron de constatarlo. Hacía falta una especie de mediador, se intermediario, para que pudiera decir lo que deseaban y no se atrevían.
3.2- Problema espiritual
Un segundo problema es de orden espiritual: ¿se podrá y cómo se podrá hacer que, una vez llegada la construcción de las especificidades de este carisma, podamos compartirlo? ¿cómo hacer de manera que la tutela que se ejerza no sea: simplemente en relación con la dirección y el consejo de administración sino que se extienda al conjunto de las partes interesadas: cuerpo docente, alumnos y padres?
Es evidente que no todos están igualmente listos sino diversamente dispuestos, pero es sin duda un objetivo a cultivar y hay allí un problema relativo a la selección de personas (en toda la medida de la libertad que es más o menos la medida de la selección).
Esto pone de relieve un problema de criterio, de discernimiento: ¿en función de cuáles criterios discernir y nombrar directivos, docentes, auxiliares? ¿cómo hacer de manera que el jefe de un establecimiento se sienta responsable de la pastoral? Sabemos que muchas veces la delegación en un colaborador es una especie de abandono, una coartada o una marginación. ¿Cómo hacer de manera que este sentimiento de la responsabilidad pastoral sea fuerte, compartido, difundido, tanto más que paradójicamente, no es siempre la referencia religiosa del director la que da la garantía? Citaré un ejemplo (no lasallista) de un establecimiento para el cual se proponía un director que había tenido la lealtad de decir que no era verdaderamente creyente sino que estaba en “búsqueda”; el Obispo quedó perplejo. Luego, convencido de la sinceridad del candidato, aceptó nombrarlo. Pero este director ha manifestado una gran preocupación por la coherencia, ha intensificado su cultura religiosa y las iniciativas pastorales, mucho más que ciertos directivos explícitamente cristianos y creyentes, de modo que el Obispo se preguntaba si no sería mejor seleccionar entre los cristianos marginales para asegurarse que la pastoral fuera redinamizada.
3.3- ¿La estabilidad de la fidelidad al carisma fundacional?
Un tercer problema es la consecuencia del precedente: ¿cuál puede ser la estabilidad de la fidelidad al carisma fundacional, cuál es la proporción de aquellos que están listos para cuidarlo? ¿cuál es la disponibilidad que manifiestan o, que manifestarían para hacerlo? ¿qué pasa, que pasará, qué pasaría, si no hubiera o cuando no haya más una comunidad religiosa allí presente? ¿cómo asegurar el cuidado no sólo conservación museográfica, sino viviente de la espiritualidad inicial, cuando no hay presente en el lugar, el testimonio religioso de esta espiritualidad? Su abandono, su disolución no es ciertamente una fatalidad, per hay que preguntarse. ¿Cuáles puder ser, en fin, y este problema tiene una dimensión canónica, las formas jurídicas que tomarían los compromisos según las disponibilidades de las personas, según el tipo de compromiso al que estarían dispuestos o que ellas desearían? Juan Bautista De La Salle inventó el modelo de Hermano, del religioso laico dedicado ala instrucción gratuita de los niños de la calle. Y este modelo ha sido retomado, con variantes, a través de todas las congregaciones fundadas desde comienzos del siglo XIX, que se inspiraron en el modelo lasallista ajustándolo a su finalidad propia o a otras necesidades tal como lo discernían en la región que habitaban.
Hay un problema bien explicitado en una de las proposiciones de un Capítulo que pide al Hermano Visitador y a su Consejo favorecer la creación de una asociación en la que los laicos que lo deseen puedan expresar personalmente su adhesión espiritual a la espiritualidad del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Esto compromete a una búsqueda de tipo propiamente canónica sobre las modalidades de esta asociación.
3.4- La consolidación de una red específica
Un cuarto problema es que el refuerzo, la consolidación de una red específica, no se puede hacer sin pensar, de algún modo, sobre las relaciones con las direcciones diocesanas, ya que es posible distinguir entre ellas (al menos algunas) ciertas ambivalencias según aprecien la especificidad fuerte de la tutela de las congregaciones o teman que sus redes respectivas se vean tentadas a constituir “un estado dentro del estado”. Las congregaciones tienen en efecto una identidad pedagógica. Esta noción implica tres datos. El mismo status, las mismas funciones, los mismos valores.
Ciertamente si aplicamos estos tres criterios a la situación actual, se ve que valen de modo desigual: la identidad de la asociación futura no es definible por un único status, dado que precisamente conlleva la diversidad: los religiosos y los no religiosos; tampoco identidades de función, ya que hay docentes, auxiliares, etc. ... sin embargo, hay una identidad al menos dado que es la misma mirada educativa la que reúne las partes intervinientes.
Además, el sentimiento de esta identidad de función llama a su refuerzo, dado que muchos docentes se perciben más como enseñantes que como educadores, como aceptando dar una enseñanza y que puede ser de la mejor calidad, pero dejando a otros las responsabilidades educativas, sea por un rechazo a la inversión o por un sentimiento de incompetencia; de hecho, la complejidad creciente de los problemas de los alumnos es tal, que la función a la cual el docente ha sido incorporado, no es aquella para la que se habría sentido llamado después. Se vio incorporado a una función docente y se vio invitado luego a una función de educador, frente a la cual se puede sentir incompetente o de la que no se siente capaz o en la que no quiere invertir. Hay que empujar la identificación dellado de la función para que la intención educativa sea más compartida.
Un miembro de la red lasallista ha elaborado una tesis sobre la pertinencia de la dualidad función docente/función educativa. ¿Hay que concebir que en el futuro estas dos funciones se mantengan o como ya se dibuja en algún establecimiento el docente es educador y el educador es docente?
En fin, la identidad implica la referencia a los mismos valores. Hay allí algo para reforzar: la homogeneidad del sistema de valores, para sentir mejor entre todas las partes intervinientes en el establecimiento la participación en una única misión. Y el término mismo de misión, de misión compartida llama a la reflexión: ¿cómo hacer aceptar la idea de una misión? Hace más o menos veinticinco años, cuando fueron instituidos los consejeros de educación, una circular del Ministerio había utilizado la noción de misión. Muchos decía: “no aceptamos ser definidos por una misión, no somos buenas Hermanitas”. Es cierto que ninguno de ustedes hablaría así, pero es realmente algo para reforzar el sentimiento de misión, de misión compartida.
Siento a través de esta reunión, desde ayer, que hay una dinámica de fundación, de refundación, de asociación. Se trata de suscitar un espíritu que permita una estructura, pero también de sedimentar el espíritu en una estructura. No hay ni asociación, ni misión compartida que no sea suscitada por un espíritu, pero es neceario también, para que éste no se vuele, para que sea acogido, que sea recibido en una estructura que le garantice la autenticidad, la permanencia y la difusión.
Terminemos retomando una palabra del hermano Michel Sauvage que, ayer, explicitaba perfectamente el trabajo a realizar: “inventar el bien discerniéndolo comunitariamente”.
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