logo_ulsa
encabezado02

imagenSanpaisaje

Nuestra realidad de educadores es compleja y esta complejidad se traduce en la constante exigencia de modificación de nuestras representaciones sobre nosotros mismos y sobre nuestra misión en el mundo actual. Cada persona tiene su propia representación, es decir, un conjunto de características que le configuran como persona y que construyen su percepción del mundo. Pese a lo personal de dicho constructo,  nos permitimos proponer algunos rasgos que puedan enriquecerlo:

  • 1- La definición del educador es la de Mediador. Mediador entre los contenidos y el alumno, para que aquéllos le lleguen de forma estructurada y sean estructurantes de su mente y de su conocimiento. Mediador de significados culturales y vitales que el saber lleva consigo. Como mediadores, elaboramos diseños, construimos estrategias, invitamos a las personas a entrar en su cultura como dueños de sus propias capacidades y colaboradores en la creación de la cultura de su pueblo. (¿Será éste el término actualizado de lo que De La Salle nos llamó:  ángeles custodios, guardianes de nuestros alumnos, con un ministerio de educación cristiana?)
  • 2- Este mediador trabaja el componente cognitivo de los alumnos, crea un “diá” de confianza en la naturaleza activa, cambiante, de aquellos a quienes educa; orienta su aprendizaje hacia los procesos mentales que dan a la persona el conocimiento de sí mismo; convierte el conocimiento en medio para la construcción de la persona.
  • 3- La tarea de la mediación es, por tanto, tarea metacognitiva: ayuda dada al individuo para que tome conciencia de sí mismo en lo que tiene de ser racional y de ser que usa la razón. Metacognición es la habilidad para conversar con uno mismo acerca de los propios procesos de aprendizaje. Esta conversación interior debe acompañar al individuo toda su vida, considerada ésta como la constante interpretación y reinterpretación de la experiencia. Esto equivale a darle una “conciencia reflexiva”.
  • 4- Como educadores con un perfil que nos define como “familia”, somos radicalmente optimistas y mediadores de optimismo pedagógico. Los comportamientos de las personas están regulados por la imagen que cada uno tiene de sí mismo. El educador lasallista trata de construir esa autoimagen en cada uno de sus alumnos, para darles así la capacidad de ser hombres o mujeres libres, capaces de compromiso, creativos en la puesta en juego de todas las potencialidades de la persona, liberados de todo lo que impida la realización de opciones libres en una sociedad abundante en ofertas pero injusta en su distribución.
  • 5- Nuestro optimismo se pone a prueba ante las situaciones sociales sobre las que hemos reflexionado. Hemos analizado las rupturas radicales de nuestra sociedad:
  • - ruptura de la tradición, del sentido histórico y de la identidad de pueblos y personas;
  • - esquizofrenia de las agrupaciones urbanas: marginalidad, pobreza económica y cultural;
  • - predominio de lo superficial y la trivialidad;
  • - masas de información sin estructurar y sin contrastar su veracidad, etc.
  • Inmersos en esta realidad, los educadores de las lasallistas nos sentimos mediadores de valores, actitudes y normativas interiorizadas en nuestros alumnos, de modo que sepan estar en el mundo con una perspectiva distinta (en el mundo sin ser del mundo), capaz de mantener una distancia (conciencia reflexiva) entre ellos y la realidad.

    • 1- En el mundo cambiante, los referentes corren peligro de ser también inestables y movedizos; casi en cada momento estamos ante una realidad distinta. También como Instituto nos vemos inmersos en esta realidad. Esto no quiere decir que vayamos a negar nuestra tradición, pero tampoco que nos aferramos a ella. Podemos estar en constante interface realidad-institución, puesto que queremos ser siempre respuesta a las necesidades de nuestra sociedad. La fidelidad creativa nos pide diversificar nuestras respuestas, aceptar las rupturas siempre que no nos hagan perder totalmente el equilibrio, aceptarlas tras el análisis y discernimiento institucional-comunitario.
    • 2- La escuela lasallista prepara para la vida; mejor será decir entrena para la vida, pues la vida está  ya en la escuela: si queremos hacer una sociedad justa, solidaria, relacional, respetuosa con las creencias y tradiciones de los diversos pueblos, primero hemos de comenzar por nuestro modelo educativo justo (por tanto atento a los más necesitados), solidario, relacional y respetuoso.
    • Proponemos, por tanto, un perfil de educador digno de una persona y de una sociedad que, en medio de los cambios ideológicos, sociales y culturales, quiere caminar hacia su propia madurez por la búsqueda incesante de modelos éticos que le den solidez y armonía. Por ello y para ello, la sociedad cuenta con la Escuela y hace un alarde de confianza en los artífices de la Educación: el Educador, a quien llamamos Mediador, y en el Alumno, para quien deseamos que el hecho de aprender y de educarse en nuestras escuelas, constituya la gozosa experiencia de llegar a ser persona.
    • Recordemos: “no hay más que un Dios y no hay más que un mediador entre Dios y los hombres, un hombre, el Mesías Jesús, que se entregó como precio de la libertad de todos” (1 Timoteo 2,5).

    TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. UNIVERSIDAD LA SALLE MÉXICO 2OO4
    Sitio desarrollado en el Laboratorio de Cómputo de Ingeniería de la Universidad La Salle.

    logo_100