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LA VISIÓN INTEGRADORA
El X Foro Lasallista contó con la presencia del H. Nicolas Capelle, Secretario del Instituto para la Misión Educativa, quien habló de la visión integradora, a continuación, el resumen de su intervención
En El Capítulo General del año 2000, el Instituto lasallista nos ha pedido que despertemos en nosotros fuerzas de renovación educativa para estar más atentos a lo siguiente, en nuestro quehacer educativo:
Muchos sectores lasallistas han tomado ya muy en serio esta petición. Ustedes lo están haciendo como de ello dan testimonio los congresos que han celebrado en los últimos años. Permítanme felicitarlos por ello y expresarles mi dicha de estar con ustedes en esta ocasión.
Me han pedido de dirigirme a ustedes al término de su congreso para “hablar de la visión lasallista que nos permite integrar todos los elementos educativos de la Universidad con el fin de ayudar a los estudiantes a crecer de manera integral”. Esta reflexión no es ajena para ustedes como lo he podido comprobar al leer las “Reflexiones Universitarias” que han estado publicando desde hace varios años. ( nota del traductor: publicación de la ULSA, México D.F.)
Les pido no obstante que me permitan proponer a esta asamblea cinco reflexiones inspiradas en la práctica internacional de nuestro Instituto y en las numerosas visitas que he realizado a lo largo de estos años.
1. Una visión del mundo
Cuando veo lo que sucede en el mundo actual como también los análisis que de ello hacen los filósofos, los psicólogos y los sociólogos, dos cosas me llaman la atención: la escalada de la violencia y la denodada búsqueda de Sentido.
Esto, sin embargo, no es nada nuevo. Se trata del mismo mundo que el creyente conoce desde los tiempos de Israel y de la Biblia: por un lado, celos, competencia, asesinatos, mentiras, confusiones, rechazo de las diferencias, del derecho y de la justicia…y, por otra, hambre insaciable de reconocimiento, de respeto, de paz y de justicia…
Este es el universo que Dios nos permite y en el que nos pide educar. Para ello necesitamos una brújula, que ya tenemos, por cierto: la antropología bíblica. Es la lectura de la vida humana que nuestros padres en la fe nos han heredado, nuestra fuente y nuestro patrimonio.
Se trata de una lectura – acción, que pone en escena la experiencia humana; se trata de un relato narrativo que permite siempre una relectura, una interpretación, una confrontación y un debate. Esta lectura nos atañe porque hunde sus raíces en lo humano tanto particular como universal. Recorre desde el origen hasta el fin; interroga las características estructurales del ser humano: cuerpo, sexualidad, palabra, finitud.
2. Nuestra matriz antropológica
Quisiera en este punto recordar el núcleo duro que interpela a todo cristiano y a todo hombre culto y en búsqueda, ayer como hoy,
• El hombre es proyecto que brota del corazón de Dios.
Ha sido puesto en el mundo trayendo consigo una promesa: su misma existencia es expresión del deseo de Dios que lo quiere vivo y que lo llama sin cesar a la vida. Ese deseo se encuentra escondido en el hueco de nuestras existencias y del mundo. Lo más determinante de nuestras vidas no son ni las tinieblas ni las luces, sino la promesa que llevamos dentro: ¡la vida es nuestro futuro!
Y es nuestra obligación hacer aflorar ese deseo, darle forma, desarrollarlo, realizarlo merced al conjunto de los dinamismos que también llevamos dentro.
• Llamado a la libertad.
Se hace una propuesta a nuestra libertad. Dios mismo nos llama a debatir con Él para encontrar nuestro lugar justo y tomar nuestras propias decisiones que Dios no puede tomar por nosotros. De esta manera nos asociamos a nuestro Creador mediante una cooperación y una responsabilidad que se abrazan en un diálogo de alianza que nos va colocando paulatinamente en la verdad, mediante la prueba del tiempo.
• Llamado a hacer la verdad.
Y todo esto a partir de la vida misma, de los conflictos, de los intereses encontrados, de todo lo que constituye el meollo de nuestra existencia. El espacio de este combate es el mismo hombre: su cuerpo en donde se experimenta la omnipotencia, la ilusión, las limitaciones y finalmente la finitud; en la sexualidad como lugar de la separación, de la diferencia, de la no-confusión, de la distancia, de la alteridad, del diálogo; en la palabra como lugar del compromiso y de la alianza que vincula a los demás, de la responsabilidad, de la fidelidad; Todas estas realidades constituyen el terruño de la identidad que es preciso construir… y también acoger mediante la prueba del tiempo.
Así pues, este concepto de la vida humana y de sus relaciones exige que vivamos las realidades personales y colectivas tal como se nos dan; que nos arriesguemos, que afrontemos sus desafíos; que las recorramos para descubrir sus múltiples sentidos. Esa es nuestra tarea como seres humanos; por consiguiente, la tarea también de nuestros estudiantes para la que es preciso que se preparen.
Observemos que esta antropología es extensa y vasta. No es sólo un discurso teórico sino una larga experiencia que se vuelve a interpretar constantemente a lo largo de la historia humana y religiosa que cuenta con testigos, con un cuestionamiento múltiple, con producciones y símbolos, con éticas, estéticas y liturgias.
Esta es la matriz de nuestro acto educativo lasallista. En ella encontramos una herencia fabulosa que debemos compartir y enriquecer con las generaciones que nos siguen, pues tienen derecho a ello y como nosotros necesitamos de su aportación.
3. Una matriz en expansión.
Esta matriz es viva, pues nada en esta antropología cristiana está cerrado ni fijo. Se trata más bien de un espacio amplio en el que resuenan y vibran sin cesar nuestros interrogantes esenciales, en donde escuchamos el eco de la búsqueda de quienes nos han precedido como también las vibraciones del mundo contemporáneo con sus peculiares acercamientos y sus interrogantes inéditos. Ya que, si es cierto que nuestra verdad humana está encerrada en los límites innegables del cuerpo, del tiempo, del espacio, de la sexualidad, de la finitud… es preciso también afirmar que estas realidades están hoy en expansión mediante la ciencia y la técnica que abren nuevos derroteros en el modo de conocer, de pensar y de sentir. Por lo tanto, estamos siempre por aprender la manera de ser hombres, de ser mujeres, de estar presentes en el mundo, de entrar en relación y de desarrollar la realidad humana.
Cabe, pues, preguntarse:
- ¿En qué se convierten el cuerpo y sus potencialidades con los progresos de la biología, la cirugía, la informática, la alianza del hombre con la máquina, con la electrónica, con la genética…? •
- ¿En qué se convierten las sensaciones y sus nexos con lo real ante los sensores a distancia, por ejemplo…? •
- ¿En qué se convierte el tiempo con el tiempo real, con el tiempo universal que es un tiempo comprimido, anulado, negado…? Y la duración que construye… •
- ¿En qué se convierte el espacio que ya no hay necesidad de recorrer… por que está aquí, en la T.V. en el Imax… con su raudal de sensaciones particulares… •
- ¿En qué se convierte la relación con el otro cuando se borran las diferencias sexuales, generacionales y cuando desaparecen, incluso, las fronteras entre los géneros humano y animal…?
Todo lo anterior plantea una serie de cuestiones de fondo para las que es preciso preparar a las nuevas generaciones puesto que deberán inventar respuestas humanas y cristianas.
Dichas cuestiones se plantean:
A los filósofos, a los científicos, a los moralistas, a los pastores, a los juristas, a los médicos, a los arquitectos, a los teólogos… •
- A ustedes hombres y mujeres cultos y que investigan, que son productores de conocimiento, productores de nuevos conceptos para nuevos reflejos mentales y para nuevos comportamientos capaces de adaptarse a las nuevas realidades.
Ustedes me podrán decir que esta visión es común a todos los que, en sus esfuerzos para ayudar a los jóvenes a crecer integralmente se inspiran en la Fe cristiana. Desde luego que sí. Por ello nos es preciso acudir sin cesar a nuestro pozo común y sacar el agua subterránea que baja de montañas lejanas y de fuentes ocultas en las que las jóvenes generaciones podrán saciar su nueva sed. Pero, claro, nosotros tenemos esta visión con un matiz de familia que el Instituto resume en estas tres palabras: Fe, Comunidad y Servicio.
FORMACIÓN INTEGRAL
Velar por la formación integral de nuestros alumnos ha sido prioridad para la Universidad La Salle y la importancia de llevarla a cabo está plasmada tanto en su Ideario como en su Misión.
En su ideario la institución expresa los objetivos que se propone en su proyecto educativo, y la inspiración o filosofía en que sustenta los mismos y es menester que lo conozcamos o reconozcamos para tener siempre presente el camino a seguir y las metas a alcanzar.
Abre el menú y haz click en el botón Ideario.
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