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Asociados para el servicio educativo de los pobres

La misión compartida: historia y teología

 

 

Historia

1.1. La escuela de los Hermanos

 

El Instituto de los Hermanos de las escuelas cristianas fue fundado por San Juan Bautista De La Salle en 1680.

 

El 26 de enero de 1725 por la Bula “In apostolicae dignitatis solio” el Papa Benedicto XIII aprobaba el Instituto y lo colocaba entre las Congregaciones religiosas que la Iglesia reconoce.

 

A lo largo del siglo XVIII y prácticamente la primera mitad del siglo XIX, la escuela de los Hermanos está llevada exclusivamente por los Hermanos. No hay otros colaboradores.

 

En el año 1843, tenemos noticia de un tal Sr. Olivé que trabajaba en la escuela de los Hermanos de Likes (Quimper, Francia). Podría considerarse el primer seglar que trabaja en la escuela lasallista.

 

Poco a poco, en Francia y en otras naciones, maestros seglares ejercen las mismas funciones educativas que los Hermanos.

 

A finales del siglo XIX, algunos Hermanos se preguntan sobre la posibilidad de integrarlos en la propia labor. Este hecho hará surgir grupos de acompañamiento y formación de los maestros. Incluso en Bélgica, se creará una especie de tercera orden llamada “Sociedad de maestros cristianos”.

 

A pesar de todos estos intentos, el educador seglar en la escuela lasallista tiene un papel secundario; la escuela lasallista sigue siendo la escuela de los Hermanos, y por tanto, la presencia del educador seglar no es relevante.

 

En la reflexión del Instituto poca atención tuvo el tema del seglar hasta el año 1956. Se consideraba al seglar como un “mal menor” porque hemos tenido que aceptarlos antes de cerrar determinados centros, pero son el “mundo” y se debe vigilar que los Hermanos no tengan familiaridad con los seglares. Se nota que por debajo la Iglesia y los Hermanos tienen una determinada concepción de la espiritualidad, de la vida religiosa y de los laicos.

 

El último documento oficial del Instituto que refuerza esta mentalidad corresponde al Capítulo General de 1946, cuando se dice :

 

“Es importante que se proceda a una reorganización religiosa de nuestras escuelas :

 

  • a) mediante la eliminación urgente del elemento femenino empleado en ciertos lugares a consecuencia de las circunstancias de guerra.
    • b) Por la reducción progresiva del elemento civil. Los Superiores no aprobarán la apertura de ninguna nueva escuela que suponga un aumento de este personal en el Distrito.”
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    1.2. La escuela lasallista

  • Sin embargo, poco a poco, se va despuntando un movimiento de apertura al educador seglar y a todos los colaboradores, entre los principales hitos se pueden nombrar los siguientes.
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    En el año 1950, el Papa Pío XII proclamó a San Juan Bautista De La Salle “Patrono celestial de todos los maestros”, dado que se preocupó por la formación del educador cristiano mediante los Seminarios de Maestros para el Campo (Normales) y la fundación de los Hermanos.

     

    En el año 1956, se celebra el 38º Capítulo General, donde se percibe un cambio de mentalidad :

     

    Las notas no podrían omitir la presencia de los profesores seglares en nuestras escuelas, particularmente en los internados. Son ‘un mal necesario’ al decir de algunos. ‘Un hecho providencial’, aseguran otros. El Capítulo general comparte más bien la segunda opinión, a condición de que sepamos asociar estos maestros seglares y hacer de ellos colaboradores en la obra de la educación cristiana y no reducirlos a un papel de mercenarios, preocupados por los intereses materiales."

     

    Durante este Capítulo se insiste en la necesidad de que el Instituto se preocupe por impulsar estudios sobre temas lasallistas, estos trabajos sirvieron a los Hermanos para descubrir que la espiritualidad lasallista es de una gran riqueza y había que transmitirlo a las personas que nos rodean.

     

    Llegó el Concilio Vaticano II (1962-1965) que supuso una renovación para la Iglesia, con la nueva eclesiología, la “eclesiología de comunión”, basada en el servicio y la participación de todos los miembros del Pueblo de Dios.

     

    Por su parte, el 39º Capítulo General (1966-67) supuso también una renovación para el Instituto, aunque estaba centrado en otros temas de mayor preocupación, si que se reconoció la labor del educador seglar y se pidió a los Hermanos que colaborasen fraternalmente.

     

    A partir de este Capítulo General la presencia de los seglares en la escuela empieza a ser muy importante, con lo que los Superiores y Capítulos siguientes comienzan a darle mayor importancia.

     

    El Hno. Superior General en 1975 hablaba por primera vez de la “Familia Lasallista” formada por Hermanos, profesores, antiguos alumnos, padres, jóvenes, etc.

     

    En 1981, en una reunión de Hermanos Visitadores de todo el Instituto se habló de la apertura a los seglares como un signo de los tiempos y se habla de un acceso amplio y abierto a los seglares para ocupar puestos de responsabilidad.

     

    Los propios seglares se asocian de forma más estructurada en torno a la misión.

     

    Antes del 41º Capítulo General de 1986 se creó una comisión en el Instituto, llamada de la “Familia Lasallista”, compuesta por 7 Hermanos y 6 seglares de todo el mundo que elaboró un informe donde se estructura a la Familia Lasallista en 10 grupos y se habló de la importancia del movimientos de laicos en la Iglesia y en el Instituto.

     

    El Capítulo General de 1986 oficializó la expresión “Familia Lasallista”. El número de profesores seglares sigue aumentando y se publican varios documentos de reflexión entre los que destaca la “Carta a la Familia lasaliana” (1989) escrita por el Hno. Superior General y su Consejo. A partir de ese momento se realizan muchas iniciativas en los distritos.

     

    En el año 1993, se llevó a cabo el 42º Capítulo General. Se invitó a colaboradores “no-Hermanos”. Este capítulo habló de la Misión Compartida. Es el momento de reconocer que la misión de los Hermanos es una misión compartida por todos los que la asumen con ellos desde la Espiritualidad lasaliana.

     

    El último documento importante sobre este tema fue el documento del Consejo General  titulado “La misión lasaliana. Educación humana y cristiana. Una Misión compartida”, que apareció en 1997.

     

    En el 43° Capítulo General del año 2000, con presencia de Hermanos y Colaboradores, se formuló la nueva visión de la Misión Compartidad que es la Asociación para el Servicio Educativo de los Pobres.

     

    2- Teología de la misión compartida

    2.1- El Bautismo-Confirmación-Eucaristía, raíz última de la misión compartida

     

    La raíz más profunda de la Misión Compartida la encontramos en los sacramentos de la Inicaciación Cristiana.

     

    El Concilio Vaticano II inició una toma de conciencia respecto del Bautismo-Confirmación-Eucaristía. El Bautismo da al cristiano la condición de miembro de la Iglesia, con todos los derechos y deberes. Uno de estos deberes es la participación en la Misión de la Iglesia.

     

    Por lo tanto, una lectura desde la fe y la teología nos muestra, pues, que el lugar reconocido de los seglares en la misión del Instituto no se debe en primer lugar a la disminución de Hermanos, sino que proviene de la gracia del Bautismo.

     

    Es importante reflexionar sobre la conciencia real que el cristiano tiene sobre los sacramentos de iniciación cristiana y sus consecuencias. A veces, por falta de iniciación, el sacramento se ha convertido en un mero ritualismo.

     

     

    2.2- Eclesiología de comunión

     

    Es la idea central y fundamental del Concilio Vaticano II.

     

    Todos los cristianos son miembros del Pueblo de Dios, partícipes de su vida, corresponsables en la única misión y unidos en el mismo destino.

     

    Hay una igualdad esencial de todos los miembros del pueblo de Dios. Hay diversidad, complementariedad de vocaciones y condiciones de vida, ministerios, carismas y responsabilidades en el interior del pueblo de Dios.

     

    El laico está en el lugar que le corresponde dentro de la Iglesia después de siglos de marginación. Esta teología ha provocado modificaciones profundas en las estructuras comunitarias y de gobierno de las Congregaciones religiosas que han desembocado en un nuevo estilo de relación con los educadores laicos.

     

    La Regla de los Hermanos manifiesta que, en el interior de las comunidades educativas y en el desempeño del ministerio de la educación, se hallan en igualdad con los colaboradores.

     

     

    2.3- La misión

    La responsabilidad de ser evangelizadores se extiende a todos los cristianos.

     

    Los educadores laicos tienen la misión de ser anunciadores del evangelio. Los educadores laicos son protagonistas, y no solo objeto de la evangelización.

     

    Nuestra misión específica es la “educación humana y cristiana”. La comunidad educativa lasallista está llamada a formar en su interior una comunidad de fe que sirva de referencia a los jóvenes que evangeliza.

     

    Alcanzar la comunidad de fe supone un proceso. La atención se centra en crear lazos que unan a los agentes de la Misión, que llama a tener conciencia de estar al servicio de la Misión.

     

    Un mayor avance supone la progresiva sintonía de los educadores con el proyecto evangelizador. No todos están en el mismo compromiso. Hay que progresar en la maduración.

     

    Fruto de la comunión de fe será la visión de la tarea educativa bajo el prisma de la fe. La acción educativa es el lugar teológico donde se revela Dios y llama a colaborar en la solución que hay que dar a las necesidades que se descubren en los alumnos.

     

    Los agentes están unidos solidariamente en torno a la misión, pero esta solidaridad se logra desde las respectivas identidades (religioso, seglar, sacerdote...)

     

    El “status” del Hermano en la comunidad lasallista cambia. Le compete la primera responsabilidad de poner en marcha y dinamizar el proceso de comunión, ser signo profético para los demás núcleos de seglares, signo de la presencia de Dios, signo de fraternidad dando testimonio con su vida comunitaria.

     

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