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Hno. Jorge Bonilla y Sort de Sanz
LA UTOPICA LASALLISTA
La utopía según Moro significa literalmente “ninguna parte”, es algo que nunca podría ser realidad en la Tierra. Sin embargo las utopías cumplen funciones religiosas y son con frecuencia mecanismos de movilización social, son generadoras de ilusiones y por lo tanto también de desilusiones: una constitución política es utópica, casi todos los textos bíblicos están escritos en clave de utopía.
No todo mundo vive en clave de utopía y hay quienes no se les da en nada su existencia: se vive el presente y en el presente se prepara el futuro y basta. Hay el lasallista viejo para el que todo va bien, “-solo hay que seguir caminando”. Otro de la misma generación podría pensar muy diferente “-¡tantos años de vida para llegar a esto!” Estas dos opiniones ¿son dos polos opuestos? ¿Qué dice el lasallista joven y el que no lo es tanto?
De lo que se trata es la evaluación seria de alternativas históricas. Apreciación madura y racional del sistema lasallista, de sus limitaciones, de sus ámbitos y de sus logros, abierta a la creatividad de sus miembros laicos y religiosos. No es el rostro de un futuro perfecto (e inevitable) sino de un futuro alternativo mejor y plausible.
Así la utopía no es un ejercicio mental generador de un proyecto imposible. Según esto, bien se ve que necesitamos otro vocablo por respeto a Tomás Moro, el que él creo hay que modernizarlo. ¿Eutopía? Significa lugar deseable. Por comodidad de grafía, o si se quiere sinónimo de eutopía, inventé la palabra UTOPICA, así, sin acento, que etimológicamente significa lo relativo a los lugares humanos, a todos los lugares, los de ayer, los de hoy y los de mañana. Se había hablado de “utopística”, me pareció cacofónica. Así UTOPICA abarca lo que es historia, lo que es realidad y lo que puede ser proyecto. Esto es UTOPICA. Tiene pues un campo semántico amplio: es el proyecto del tiempo humano que se podría resumir en esta breve frase popular: de dónde venimos, qué somos, hacia dónde vamos. Todo eso junto: el pasado con su riqueza y carencia, el presente con su vitalidad y el futuro como proyecto. A estas tres dimensiones darles nombre y apellido: Utopica es el nombre, lasallista el apellido: UTOPICA lasallista. Si nos empeñamos en usar utopía nos podríamos plantear esta interrogante: ¿estamos ante los fracasos de los sueños o el paraíso perdido? Con la UTOPICA podríamos esperar más indulgencia del transcurrir del tiempo humano y cuestionar en forma interrogativa: “¿fracaso de la mediocridad o carisma disminuido?”
Un siglo es mucho tiempo para el que, vivo aun, lo mira como parte pequeña de su “cronos”, pues no sabe si su tiempo fue “kairos” o simplemente cronos. De esto se trata, de reflexionar en qué medida un siglo lasallista como el que está por terminar ha sido en verdad “kairos”, es decir tiempo sabiamente intencionado, inteligentemente planeado para inspirar, seriamente evaluado antes de proseguir. Lleno de una posibilidad genética que propicia proyectos educativos sustantivos, inculturados, carismáticos y profundamente trascendentes.
De todo esto y más vamos a hablar. No creo en las coyunturas históricas. O mejor, nosotros vivimos nuestra vida haciendo de ella una coyuntura permanente. Sí creo en la memoria histórica y el gran valor de la cotidianidad. Los hechos relevantes, clamorosos o aislados no dan el espesor significativo de un grupo.
INTRODUCCIÓN
La Utópica Lasallista es un ensayo que trata de recoger el significado de la experiencia vital de la praxis de los Hermanos de Escuelas Cristiansa durante el siglo XX en la República mexicana y su proyección hacia el XXI. Tiene como soporte, una investigación siguiendo la técnica de la historia oral que recoge por medio de entrevistas lo que gente connotada opina de su contacto con los lasallistas en algún momento de su vida. La persona entrevistada representa un universo especial: 1º no escogida por muestreo, 2º es parte de dos conjuntos; hay un corte horizontal: misma generación, distintas profesiones y experiencias… y corte vertical que es un criterio generacional. De esta técnica resultan hitos que piden atención. De acuerdo a estas entrevistas puntuales e intencionadas estamos recorriendo un período de casi veinte lustros. Cabe destacar que en la dinámica de este diálogo, nada es ingenuo ni improvisado, cada pregunta tiene intención y las respuestas son hábilmente clasificadas. Este esquema cartesiano nos proporciona elementos suficientes para emitir juicios de valor. El segundo volumen, es una investigación documental y de archivo, tiene como objeto avalar o no lo dicho por esas personas entrevistadas. Por la investigación documental y de archivos se aprecia la resonancia que han tenido en el cliente las decisiones cupulares o las que han sido fruto de consensos al interior del grupo. Ambos volúmenes, han de dar cuenta de sus experiencias fundantes y fundadoras y son testigos calificados de la implantación en México de un carisma con claros rasgos europeos.
Como telón de fondo de estos análisis que pretendo ofrecer, tiene su referente principal la obra de Hayden White, METAHISTORIA, donde exhibe la tesis que en la obra histórica de un historiador, sí es posible identificar los componentes estructurales de cualquier relato histórico. A todo lo largo de mi desarrollo se ha de percibir esta incidencia en el contenido y redacción. La aplicación de estos conceptos tanto estructurales como metodológicos, facilita la labor de prospectiva con base en el análisis de esos dos volúmenes citados. Hago esta última precisión cronológica; todos estos hechos quedan enmarcados en el contexto del S XX, concretamente en el período que va de 1905 a 2005. (según analistas modernos el S XX mexicano se inicia con la revolución de 1910 y el XXI con el levantamiento del EZLN en Chiapas: 1910-1994. ¡Es casi una sincronía con el S XX lasallista!).
Todos estos hechos no serán examinados en ámbito cronológico sino en su significación historiográfica. Para eso mi discurso no va a ser el secuenciado según un antes y un después, sino según pida el desarrollo que ha de tener el sabor de la historia, el sabor de la filosofía y el sabor del carisma lasallista. Tres factores indispensables a los que ha de dar cuerpo concreto la dinámica que es la categoría energética que hará que se entrevere y actúe ese triple eje.
Queda insistir en un principio importante: para este desarrollo ha de primar ante todo el criterio histórico de análisis y ha de ser también su punto de partida. Es decir, de lo que hay o fue, proyectar lo que pienso que pudiera ser. Solo así se podría calificar mi trabajo como una labor historiográfica.
Una última observación.
En el seminario dirigido por la Dra. Evelia Trejo, semestre 2004-2 presenté como trabajo final un análisis somero y luego prospectivo de lo que sería la identidad de los lasallistas en el S XXI. La ultima parte de ese desarrollo deja colgando la siguiente pregunta: LAS UTOPÍAS ¿Y MAÑANA? Este trabajo que presento quiere dar respuesta a esta pregunta.
Se trata entonces de proponer una visión globalizadora sobre el mundo lasallista mexicano partiendo del análisis de su teoría y praxis durante el S XX. Estos elementos propuestos abarcan obviamente el universo de tantos hombres y mujeres que se mueven amparados por la experiencia de Juan Bautista de La Salle a como lo ofrecieron sus discípulos; primero franceses, después los mexicanos, y ahora no solo los religiosos, sino también sus discípulos laicos. El lasallista actual, que se mueve dentro de esta particular geografía, necesita tener la certeza de que esta pedagogía que nos viene de Europa se incultura en México.
Son indispensables juicios sobre la eficacia carismática de esa corporación. Se necesita objetividad, no autocomplacencia. Según las personas entrevistadas se ofrece un panorama que pide correctivos aprovechando al mismo tiempo los logros alcanzados durante un siglo. Hay entonces una dialéctica que funciona pidiéndole a la vida la muerte de lo viejo para que surja lo nuevo. En esta unión y lucha de contrarios ha de triunfar la cualidad sobre la cantidad, eso lo sabemos, pero ¿cómo interpretar cuál es lo viejo que ha de morir y cómo aceptar lo nuevo que no sea por el hecho de serlo? Y ¿cuál es el criterio válido que ayude a distinguir lo cualitativo de lo cuantitativo y aprovechar la especificidad de ambos elementos?
LA MICROHISTORIA. LA HISTORIA ORAL.
La especialidad de la historia consiste en la investigación de los proyectos humanos individuales y de conjunto. Si se hermanan la historia y la sociología hacen la historia social que día a día gana en importancia, ya nada le impide conquistar territorios.
En la historia tradicional casi siempre pesó más el destino colectivo que el individual. No es exacto decir que solo las evoluciones humanas masivas podían ser interpretadas, pues es falso afirmar que solo hay historia verdadera de lo colectivo y de lo numeroso. Se ha dado un trato privilegiado al número sobre lo singular, por eso la historia tradicional tuvo que buscar, para renovarse, fuentes adecuadas inéditas o un trato renovado de las tradicionales.
Cuando hablo de los veinte lustros de la historia de este grupo, es la que voy a interpretar a través de la subjetividad de las personas entrevistadas y que todas ellas forman parte de un mismo universo intencionado. Así, en cualquier tipo de búsqueda para un análisis en esa circunstancia, se ha de dar un trato privilegiado a lo singular sobre el número; sí afirma que no solo hay verdad en el análisis de lo colectivo, es necesario el estudio de lo singular. Si se sostiene que durante esos lustros desfilaron por las aulas de los centros La Salle medio millón de alumnos, con la consulta a muy pocos, es posible indagar si hay impronta social de su paso por la historia reciente de la Patria; se reconoce en la memoria del sujeto entrevistado el resultado de un impacto de la memoria colectiva. Por eso vale la pena preguntarse siempre ¿de qué memoria se trata y que parte de ese pasado está estructuralmente expresado en el presente? Y si no lo está ¿qué ha sido lo que pasó? ¡Tantos documentos particulares de tantas instituciones y tantos otros externos inspiradores de praxis salvadoras que así nada más se han puesto de lado! Pero también ¿cuál es el sentido de investigar y escribir historia en el mismo instante que aparecen interrogantes, hipótesis, problemas sobre el sentido de la sociedad, sobre las estructuras del poder y sobre todo el contenido de la humano? Y no afirma que nada haya de permanecer invariable, sino que lo permanente e invariable se adapta a las épocas y se incultura. La columna vertebral es la misma, el rostro evoluciona, la relación con el entorno es cambiante.
Tres conclusiones.
1 Se trata de medir el hecho lasallistas en México en clave de historia social. Buscar indicadores sencillos o simplificados para apreciar si lo vivido tiene vigor para dar fuerza por otros cien años; por ejemplo ¿qué es lo que representa vitalmente el “acordémonos” (78), igual aquellos “cuatro puntitos” puestos en la parte superior del cuaderno de notas personales o de tareas del alumno (id). El alumno que veía en su maestro lasallista un estupendo deportista o un apasionado por la naturaleza (35, 39, 40). ¿Tendrá importancia que solo una o dos personas hayan señalado la inevitabilidad de una segura decadencia sino se asumen los requerimientos estructurales propuestos por el Concilio Vaticano II? (49) o ¿qué significa esa crisis organizacional y de principios que dividió en la segunda mitad del siglo pasado al Distrito México Sur sobre el modo de ir a los pobres? ¿Tiene importancia las respuestas divergentes sobre si hay que enfatizar o no la atención a la educación primaria (58, 61) o es mejor acentuar el esfuerzo institucional de atención a la universidad? (id) Y si se da ya la realidad universitaria en el México lasallista ¿bajo qué constantes ha de significar a su público que es una universidad de “inspiración cristiana”, en qué se manifiesta, cuál es su plus, en qué consiste la búsqueda de nuevos espacios académicos? Que se entere el cliente dónde se encuentra el nivel de reflexión y de búsqueda para lograr paradigmas humanistas por medio de una oferta académica sustancialmente diferente, sin desconocer lo hecho con tanto sacrificio: asociaciones internas, grupos de análisis de la realidad, diplomados oportunos, bibliotecas especializadas, sociedad de exalumnos vinculada al estudio y solución de la pobreza, la ecología. Y si desmenuzamos el contenido de esas entrevistas de historia oral se pueden obtener indicadores que no por ser respuestas unipersonales dejan de tener verdad.
2 El trabajo del historiador es experimental, es el examen de hechos ocurridos no reproducibles; si se interpretan bien se pueden proponer modelos alternativos. En el caso de alimentar sabiamente la respuesta a estas preguntas “¿qué hubiera pasado si…” o “¿cuál hubiera sido nuestro crecimiento si…?” Es un hecho puntual que el lasallismo mexicano fue cuatro veces condenado a muerte en un lapso de 35 años y hasta 1940 se implanta. Este hecho, al juzgar las entrevistas, extrañamente, no tuvo impacto en la muestra.
Sí se puede indagar dónde reside esa resistencia vital que a pesar de tan grave obstáculo formal como es la oposición de la autoridad constituida como gobierno federal, estos educadores vuelven una y otra vez del destierro hasta que se establecen con firmeza durante la presidencia de Don Manuel Ávila Camacho.
Un rasgo interesante de la microhistoria es favorecer la atención a lo permanente, a las regularidades sobre lo accidental, atención a lo que se repite sobre lo incidental que con frecuencia es más clamoroso. A todo aquello que en la historia de las colectividades es piso o columna y no veleidad explosiva en las conductas.
Concentrar la fuerza del impulso del instinto de búsqueda de un historiador sobre lo permanente en una sociedad dada es lo que busca la microhistoria . Esto invita a una respuesta más allá de la estadística si se pretende justificar la validez heurística de la hipótesis. La microhistoria propone crear condiciones de observación que hagan aparecer formas, organizaciones que muestren algo inédito. No tendrá otro resultado que al desmenuzar lo vertebral se cala en su magnífica riqueza y se descubre con azoro, qué es lo que hace que se produzcan personas de tan alta excelencia que por una convicción son capaces de dar la vida.
3 En la técnica de historia crítica debe de admitirse que no puede haber objeto de estudio si construye sus conclusiones según procedimientos explicitados en función de una hipótesis dada y después sometida a validación. Significa que no hay que dar prioridad a la acumulación de datos, según categorías preestablecidas que solo se han de analizar. Pues haría una investigación plana que entorpece la reflexión propositiva sobre la articulación interna de la realidad histórica considerada. La historia de los grupos sociales ha pasado más a través de la historia económica, pero hay que dar prioridad a la historia de la cultura. Cuando en el libro de historia de los lasallistas en cien años en México, la autora desmenuza e interpreta los datos y/o referencias ofrecidos por las personas entrevistadas, tiene que encontrar su propias categorías de análisis o análogas a las existentes. Los instrumentos clásicos del historiador: conceptos, métodos de investigación, técnicas de medición, formas de argumentar, modos de enunciación, maneras de citar, juegos de metáforas, ¡eso era el estricto protocolo de un trabajo científico, pero eso, hoy por hoy, no basta! Cuando en el mencionado volumen se habla de abordar los imaginarios, alimento de la utopía del grupo, se está afirmando que es un desafío el cómo ha de instrumentarse la utopía, de qué recursos simbólicos se disponen y si su instrumentación puede darse sin disidencias en el grupo (21, 255-259). Este es el esquema manejado previo a la entrevista personal. ¡La labor del historiador es eminentemente poética!
Hago ver ahora la riqueza de contenido que se logra de la entrevista hecha según esta técnica donde se aprecia lo invaluable de la opinión subjetiva.
En todas las declaraciones de los entrevistados se percibe la intención de un discurso utópico.
Es importante estudiar la subjetividad de estos actores para poder interpretar sus deseos de cambio. Las preguntas periféricas a la pregunta medular objetivan fácilmente las opiniones de estos entrevistados y les otorgan un marco preciso.
Se llega fácilmente a la convicción que un sujeto dado es algo más que soporte de los mecanismos sociales. Se debe identificar más bien como sujeto activo y además significante.
Cada individuo, al manifestar la experiencia de su pasado se expresa en forma diversa de otros según sea su modo de tramar, su modo de argumentar y revela inevitablemente su modo de implicación ideológica. Así habrá diversos enfoques de un mismo hecho.
Los métodos de análisis cuantitativos no se dan sino rara vez en la estructura de la historia crítica, se caería fácilmente en la estadística. No son tampoco la parte substancial en los análisis.
HILANDO UNA TRAMA PARA EL SIGLO XXI
El contenido de este volumen va adoquinando la senda que lleva a los lasallistas a su utopía. C/adoquín es una propuesta parcial que aparece en el volumen. Hace que el andar de los caminantes se de con paso seguro. No le hace que el futuro esté cerca o lejos, lo importante es que cada paso acerque. No es cuestión de distancia, sino de seguridad, aunque el elemento riesgo nunca se excluye. El fin es lo primero en la intención y lo último en la realización.
Después de una lectura atenta de este primer volumen, he seleccionado lo que puede ser materia para la construcción de la “UTOPICA” lasallista. Constituye un banco de datos inspirador gracias a las opiniones vertidas en esas veinticinco entrevistas. Colocan a esta corporación en un nivel de reflexión y de máxima posibilidad de protagonismo cuando vive un buen momento como lo es este centenario.
El “cambio social” requerido como sustento de la UTOPICA
La utopía no llegó desnuda al futuro. No solo se instaló ahí a esperar ser llamada para dar motivo al presente del grupo lasallista. Si nada se siembra no hay cosecha. Si no se colocan los adoquines para asegurar el piso de su calzada el que transite por ella es posible que se empantane entorpeciendo el ritmo al caminar de los deseos de renovación del grupo.
El problema principal no está sólo en la excelencia de la calzada que, aunque es condición sine qua non, no funcionaría si los que utilizan el camino no tienen la voluntad explícita de caminar con mirada alerta, atenta al menor signo de su tiempo. El camino ahí está, los que lo andan constituyen la parte inédita de la experiencia.
La imagen de la calzada es un tropo válido para lo que pretendo significar, pero requiere explicación. La calzada ahí está, sería el camino que lleva a la plenitud vivida del carisma lasallista. Los adoquines, la manifestación físicas y concretas que dan piso a dicho carisma: escritos de La Salle y su inculturación, decisiones de capítulos generales y/o distritales, publicaciones con doctrina intencionada que regula teoría o praxis, propuestas de asambleas de exalumnos… Calzada y adoquines es el camino que brinda seguridad. El caminante es c/u de los seguidores del Epíritu con sabor a Juan Bautista de La Salle y a cómo él lo interpretó; caminante es c/u de sus discípulos, fallecidos o vivos, llevando consigo un universo y rodeados de su propio horizonte que se desplaza con la marcha, significando que las cosas cambian, todo se mueve, es necesario adaptarse a él, ¿qué es lo que permanece?
El que camina si no está atento de pronto estará antes un desierto que no sabrá cómo cruzar, o ante un torrente que no sabrá cómo vadear. El que no está atento a su entorno es muy posible que caiga en una rutina pegajosa que le va a impedir la reacción adecuada ante lo “de repente”.
Con estas metáforas estoy introduciendo a la visión del cambio, visión que ha de tener cualquier persona para vivir una vitalidad que ha de aceptar siempre mutante. Individuo o grupo que no acepta esto desaparece. ¡Ya acabó de vivir aunque todavía no muera!
Sigamos.
Aceptemos, pues, el imperio del cambio. Esto es más que un consenso en las entrevistas. La dificultad nace cuando esta necesidad se cruza con la subjetividad de los componentes del grupo, laicos o religiosos. Habrá alguien que diga “-yo ya triunfé” y viva sentado sin que se le de en nada el movimiento periférico. Así no se da cuenta que los horizontes son nuevos, su apreciación es solo intelectual, no vivencial. Tal vez piense que él es como una roca cuya fuerza estriba en no moverse, ¿Es esto cierto?
Las personas de gran movilidad social piensan diferente del cambio.
Todas las personas entrevistadas lo aceptan proponiéndolo como urgente. La mentalidad conservadora desconfía de él, casi prefiere el statu quo inmovilizador; sí piden el cambio pero ha de ser lento, su modelo es el vegetal. Se trata de transformar las estructuras, que haya receptividad al interior de la comunidad humana así se da la base para una nueva sociedad o tipo de asociación. El revolucionario pide cambio acelerado, cataclísmico y el liberal lento pero inevitable con base en una congruencia social. Estas posturas tienen otro sesgo diferenciador. Hay las que idealizan el pasado como lo mejor y del que el hombre ha caído por corrupción ¡hay que remontar la cuesta! piden evolución progresiva a lo que prevalece, afirman que es la mejor manera de andar hacia la utopía (liberales y conservadores); a los radicales les urge la evolución acelerada con sus ansias por llegar pronto a la casa de la utopía. Tanto éstos como los anarquistas tratan de explicar y vivir el cambio que lo ven socialmente trascendente, que llege a las mayorías por medio de una sabia congruencia grupal. Hago notar que estos matices diferenciadores, no tienen connotación política partidista, son actitudes subjetivas ante los estímulos sociales nuevos y que piden definición personal o grupal.
Afirmo esto porque las propuestas de cambio ofrecidas por la autora del volumen, en sus conclusiones, es con base en las opiniones de las personas entrevistadas que representan el imaginario lasallista que es expresión siempre de un discurso utópico. El problema consiste en hacer simbiosis de toda esta fuerza social que quiere encontrar cauce a través de subjetividades bien definidas y que con frecuencia parecen ser excluyentes entres sí.
Al hacer un consolidado de las propuestas de cambio que insinúa este imaginario constituido en un discurso utópico se percibe la riqueza de la muestra y por consiguiente la del grupo.. Pero también este discurso utópico da la razón de ser de una identidad que se construye día a día que penetra en forma permanente en una sociedad cambiante: un carisma vive en estado permanente de inculturación.
Tres dimensiones de la UTOPICA
Después de un análisis atento de la obra de Graciela de Garay, puedo hacer un consolidado de propuestas agrupadas en tres conjuntos: 1º vivir el carisma. 2º la vida inteligente. 3º La vida plena.
1º Vivir el carisma
Un carisma grupal que se deriva de uno personal ha de ser vigilado para que no pierda su sabiduría original ( sapore-sabor). El carisma de La Salle ha de crecer, adaptarse, aunque también puede desviarse. Si el presente es la oportunidad que nos concede el tiempo humano para corregir los errores del pasado (Kant), se tiene ahí la voluntad de excelencia para la vida del grupo. Las respuestas dan estos rumbos válidos: (los números entre paréntesis envían a las páginas del primer volumen).
El carisma no ha de quedar como una nostalgia que proyecte deseos de volver a lo vivido (62), toda referencia directa o sesgada ha de reflejar un discurso utópico. Pero para una seguridad ideológica urge recuperar la espiritualidad lasallista (48) volviendo a los orígenes con ese espíritu de audacia que manifestó La Salle.
El carisma es la evocación de un estilo de vida que otorga identidad a un grupo pues construye progresivamente un sentido de pertenencias (id). Esto constituye una demanda general entre los entrevistados ¡volver a los orígenes!
Este carisma exige un territorio propio para su praxis: no al elitismo (216). Pensar bien lo que se ofrece al cliente, no tanto darle lo que pida, sino lo que necesita (217). Es necesario cuidar mucho la realidad de status social pues puede ser excluyente (id).
Si los dones del carisma que La Salle transmite a sus discípulos desbordan el marco del instituto que fundó (Regla 146), ahora los laicos han de “tener su sermón” (220). Se ha de comprender por qué ahora, un laico no trabaja “para” los hermanos sino “con” los hermanos. De aquí la necesidad de redes de solidaridad más estrechas y/o nuevas (222, 223).
Esta recuperación del carisma no es nostalgia romántica. Pide esfuerzo para asumir el acerbo documental de esta corporación tres veces secular (179, Regla pág. 13-15).
2º Vida inteligente
La persona que contemple el vigor de este carisma desde el exterior para llevarlo a su propio interior, asumirlo y proyectarlo hacia su entorno, debe comprender que no puede ser solamente un deseo romántico o de impulso subjetivo, esta persona ha de formarse (56). La formación, en cualquier ámbito o nivel es un proceso cíclico, el “actio”, “meditatio”, “actio”: la acción precede al lenguaje y el lenguaje alimenta la acción. En este renglón la participación de los entrevistados coinciden en señalar que la formación de los lasallistas, con énfasis en los hermanos, puede mejorar.
La “espiritualidad lasallista” ha de tener signos visibles para todo aquél que se acerque a esta corporación, no se ha de diluir en una institución burocrática (215).
“…escribimos poco, e incluso no tenemos actualmente una revista interna profunda...donde estuvieran marcados los lineamientos filosóficos de nuestra vocación, teológicos, pedagógicos…No realizamos investigación sistemática de base, somos sobre todo profesores, profesores, profesores… las energías se nos fueron por ahí.” (188, cf 57, 59).
Atiéndase a la forma mentis propia de las personas. C/generación tiene su modo original de expresar valores (alumno, exalumno, autoridades..) y manifestar opiniones, obre los hermanos, o necesariamente convergentes. Generalmente los hermanos son, la autoridad en los centros lasallistas, el alumno, el padre de familia, el exalumno, de modo expreso o tácito, cuestionan los conocimientos de los hermanos y los estilos de vida que llevan estos religiosos, tanto más que los consideran expertos confiables y paradigmas válidos (75).
No se ha de tomar al lasallismo como una especie de conservadurismo pues las causas del malestar social se derivan de la modernidad capitalista y los lasallistas no pueden ser sus legitimadores. ¿Cómo formar al laico y al religioso en este espíritu crítico, reflexivo a la vez que propositivo? El carisma lasallista ha de tener sesgo radical (199). El Instituto fundado por La Salle no está al servicio de una corriente social de tipo conservador.
Marx dijo: la filosofía ha pensado el mundo, ahora hay que transformarlo. Los lasallistas podrían decir contrastando: hemos utilizado el carisma, ahora hay que pensarlo.
3º Vida plena.
La comunidad es un sistema cultural que pugna por subsistir, siempre habrá en su interior el juego del poder y del deseo. Esta lucha de contrarios está regulado por estructuras determinantes (valores, conductas, costumbres..), indispensables para dinamizar la misión colectiva. Si se advierten estridencias habrá siempre la referencia a una norma o autoridad conciliadoras, pero éstas tienen una autoridad limitada. No todo lo que está viviendo un grupo cae bajo el imperio de la norma, sobre todo si el grupo es creativo. Siempre habrá el riesgo de procesos degenerativos si el grupo está parado, o procesos ascendentes si la comunidad es sana. El sentido de creatividad y de búsqueda personal y grupal no admiten el inmovilismo que esclerosa.
Cualquier discurso renovador pasa por un consenso grupal. En última instancia cabe decir que la comunidad es la instancia legitimadora que da los impulsos decisivos a los paradigmas colectivos. Estamos conscientes que para La Salle el grupo humano, la comunidad, es la causa eficiente que haría que sus intuiciones pedagógicas caminen.
Según la muestra hay una preocupación por reforzar la existencia de esta realidad antropológica. Cabe destacar que solo se da a la comunidad categoría sociológica, por lo tanto las observaciones hechas están dentro de los paradigmas de la dinámica de grupo.
La vida de comunidad es piso fundamental para realizar los imaginarios del grupo (94). Se vuelve clave para mantener el espíritu y el carisma.
La consideración de las carencias grupales pasan forzosamente, antes, por las carencias individuales. Si éstas son evidentes y substanciales el grupo es pobre o se está empobreciendo.
Para una proyección hacia el siglo XXI estas personas entrevistadas tienen señalamientos categóricos que hacen ver el elemento comunitario como parte de la sustancia del carisma, aunque se trate más de una exigencia antropológica que algo de cariz religioso, es decir, el ser humano es comunidad. No admitir esto el mutilar lo sustancial.
La comunidad se alimenta de la riqueza de los carismas personales (94). De la riqueza de la persona se deriva la posibilidad de vida de una comunidad. Para esto se necesita una instancia interior en el grupo que regule la distribución proporcional de las riquezas personales; en el organigrama grupal ha de caber una comisión de formación que regule el crecimiento a nivel comunidad y a nivel distrito. (97).
Se pide a esta comisión de formación, una coherencia en su dinámica de modo que sepa optimizar los dones que c/persona recibe gracias a sus estudios, experiencias y talento (99).
Es tan importante para la comunidad la formación de sus miembros que cuando la institución impone un discurso cerrado en sí mismo no es favorecida la indagación de la verdad, “sobreviene la lucha por el poder con las consecuentes envidias, hostilidades y suspicacias en el grupo” (87).
Al poner atención en las insistencias fundamentales del Concilio Vaticano II en lo que respecta al grupo, al fortalecer la comunidad, se energiza al mismo tiempo al individuo. Así se fomenta, or el diálogo comunitario, la emancipación, la subsidiaridad y la toma de decisiones mancomunadas (87, 88).
LA UTOPICA
Lo anterior rigurosamente tomado de o alrededor de las entrevistas, según los cánones de la historia oral, están pidiendo un proyecto renovador, puntual, exigente, organizado e inculturado. Si un grupo ocupa adecualdamente el espacio social es fruto de conquista, no se le otroga ni por decreto ni por gracia, y aunque así fuera. Tampoco se le otorga por el esfuerzo paciente, abnegado y desinteresasdo de sus miembros. El premio de un trabajador no depende del esfuerzo hecho, sino de la excelencia de la obra producida.
Para construir una UTOPICA el discurso renovador ha de ser proyectado en acciones muy concretas. Se requiere una arquitectónica adecuada. Es cuando conviene definir nuevamente la lógica de su funcionamiento y su sentido social.
Como toda acción humana columbrada, ha de encontrar expresión por medio de un lenguaje preciso, que encuentre un vehículo adecuado en la palabra. Ésta por lo tanto ha de ser el motor que movilice los espíritus, concite las voluntades para que los proyectos consensuados caminen.
C Utopica 4. 25 págs
¿Y mañana?
Entregar a la sociedad los dos volúmenes de esta historia de un siglo en la República mexicana es solo la primera parte del trabajo. Nuestra intención no ha sido realizar una labor académica o una investigación científica y que la obra figure en catálogos bibliográficos, con su ficha, después de haber sido ojeada y hojeada por espíritus interesados. Está claro que es eso, pero hay más. ¡Mucho más! En estas páginas, y las del segundo volumen, encontramos la materia prima, que proviene de nuestra propia substancia, para planear nuestro futuro: entrevistas y archivos son radiografías de lo que somos y queremos; hay que interpretarlos, codificarlos para elaborar un diagnóstico y pronóstico.
La construcción del porvenir tiene el cariz dinámico de la responsabilidad grupal en el que supone el éxodo comunitario hacia el futuro “todos juntos y a tiempo” León Felipe. La comunidad necesita ser la suma de capacidades, la suma de esfuerzos, la suma de talentos, conciencia del actuar del Espíritu presente en cada uno de nuestros momentos. Pensar que la personalidad corporativa es efectiva si está animada por propósitos comunes, antes concensuados, así se accede al nivel anímico y creador que sigue a la voluntad activa: la voluntad de forma significa voluntad de vida.
Las conclusiones que nos ofrece esta primera parte, evidentemente son primerizas. Son la vía de acceso al universo de las utopías. Nos pone a los lasallistas ante la inevitble responsabilidad de ascender gradualemtne los escalones éticos indispensables que nos llevan a los espacios donde se encuentra una vida humana de alto nivel. Ahora nuestro obrar busca otra autoridad que nos coloque ante nuevos escenarios. Esta autoridad pudo haber permanecido oculta o translapada, ahora con estos estímulos nuevos comienza a dibujarse un perfil que extrañamente coincide con lo que esperábamos. Por autoridad no entiendo personas solamente. El imaginario colectivo es autoridad y se mueve dentro de la espontaneidad e intuición, dentro del ámbito de la academia, dentro de los espacios sociales que anhelan nuestra presencia con claro vigor espiritual. También es autoridad nuestro pasado: si se pierde o si se recupera, o más bien, qué se ha de dejar y qué debe permanecer. Otra autoridad es la formación que se ha de ofrecer al hermano y al seglar, y es verdadera autoridad.
Este primer volumen señala, en sus conclusiones, trayectorias posibles que connotadas como carencias, apuntan por este hecho el rumbo de las futuras realizaciones. Entre tantos análisis nos presenta uno sobre lo que hoy representa la religiosidad moderna que toca a nuestros jóvenes, con su sorpresiva manifestación del rechazo a lo institucional.
Así, son presentados dos vacíos. Por un lado una Iglesia que está llegando tarde a su cita con la historia. Por otra, considerar “que hemos de generar un catolicismo participativo, de compromiso social y beligerante” (Ignacio Ellacuría).
¿Estos son los vacíos? Admitámoslos, ahora ¿cómo llenarlos?
“Hace falta un modelo virtuoso que comunique esa espiritualidad y devuelva la promesa de esperanza y consuelo”. ¿Dónde se encuentra ese modelo virtuoso? Si los religiosos son Hermanos de las Escuelas Cristianas, esto significa un modo de ser, un modo de ejercer, y un ideal alcanzar. Si el laico lasallista hace mancuerna con el hermano, pide una espiritualidad profunda, requiere de una comunidad fraterna, y que se le proponga una misión significativa.
C Utopica 4. 25 págs
La comunidad inspirada en el espíritu de La Salle solo puede avanzar si conoce en qué cree y cómo cree la gente, si puede emprender un examen de su propia espiritualidad para encontrar nuevas fórmulas de expresión que le permitan estar con el mundo y dentro del mundo. Ser capaces de compartir la misión salvadora que se construye mediante el lazo social y un proyecto creativo común, es decir la utopía crítica consolidadora. cf pág 129-131 .
Para sobrevivir necesitamos ese imaginario en perfecto movimiento y armonía que abrace a todos abiertos a la coinonia, porque nosotros hemos de ser enviados donde el Espíritu pretende instalarse.
Termina la maestra Graciela sugiriendo los rumbos de nuestro peregrinar por la historia. No hago más que transcribirlos añadiendo una breve glosa.
Los hermanos han de ser:
catequistas
conocedores de la palabra de Dios
intelectuales reconocidos
4. interlocutores calificados capaces de acompañar a la sociedad en su búsqueda de espiritualidad.
El seglar ha de ser:
C Utopica 4. 25 págs
Hemos tratado de destacar, a través de su texto, algunas interrogaciones concretas que buen número de discípulos de La Salle se hacen hoy. Ese imaginario colectivo quiere ir tomando forma ayudado por tanta coincidencia de opiniones y estridencias que sensibilizan, de experiencias serias que dan rumbo y que poco a poco, de modo insensible, van tomando la pista que ha de ser después la de despegue.
Todo este complejo trabajo no hace otra cosa que manifestar la intención de fidelidad a su Fundador. Su itinerario está señalado a través de sus escritos. En todo este conjunto de escritos ¿dónde está lo esencial? Se han de descubrir en las experiencias del ayer los elementos permanentes del carisma. No se trata pues, de mantener lo adquirido en el inicio, pues la fidelidad a la inspiraciónn incial corre peligro de esclerosar el carisma.
Es necesasrio considerar que la renovación de nuestras comunidades se hace en la oscuridad, humildemente, escuchando al Espíritu que habla a través de nuestras pobrezas de hoy. Necesitamos más intuición que razón. Una intuición no parte de cero, se nutre del imaginario colectivo que encuentra en alguien una expresión concreta, por lo general, es en un principio aventurada. Los lasallistas de hoy viven igual que su Patrono, un contexto nuevo que pide actitudes y respuestas nuevas.
Lo que nos va a salvar no es un consuelo sino un encuentro.
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