Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695)

Poetisa nacida en la hacienda de San Miguel Nepantla, Estado de México. Se crió con su abuelo materno Pedro Ramírez. A temprana edad sabía ya leer y escribir, a los 8 años pedía entrar a estudiar a la Universidad. Estudió en México con el bachiller Martín de Olivas. Fue dama de honor de la virreina Leonor María Carreto, Marquesa de Mancera. El 14 de agosto de 1667, ingresó en el convento de Santa Teresa la Antigua que abandonó a los 6 meses por enfermedad. El 24 de febrero de 1669 volvió a ingresar a la vida monástica sólo que esta vez en el convento de San Jerónimo donde permaneció hasta su muerte. Fue ahí donde no solamente acumuló libros sino una gran cantidad de saber que le valió reconocimiento y algunos premios como los ganados en 1683 en el certamen universitario del Triunfo Parténico. Además de haber sido una gran científica, su obra comprende poesías líricas, dramáticas, alegóricas, sacras, festivas y populares de muy variados temas y una obra dramática formada por Autos Sacramentales, Loas y Comedias. Dentro de su prosa se encuentra: Neptuno alegórico, Explicación del Arco, Razón de la fábrica alegórica y aplicación de la fábula, Carta Atenagórica y Respuesta a Sor Filotea de la Cruz. Mujer singular en todos los tiempos, no tenía más remedio que profesar para poder dedicarse a su vocación. Por desgracia mucha gente criticaba su dedicación a la cultura y el obispo de Puebla le dirigió una carta bajo el nombre de Sor Filotea, en el cual criticaba su actitud como poca piadosa. Sor Juana le contestó en su famosa Respuesta a Sor Filotea, documento único que nos permite atisbar la problemática de una mujer inteligente en el siglo XVII. Las críticas, no obstante se multiplicaron y Sor Juana tuvo que renunciar a sus libros y a su vocación. Murió durante una epidemia de peste en la ciudad de México.


Antecedentes

Sor Juana Inés de la Cruz a pesar de que se nos presenta todavía como una persona viva e inquietante, cuya existencia se escudriña, se depuran sus textos, se registra su iconografía, se levanta el inventario de su biblioteca, se discute entre propios y extraños, su actuación ofrece aún, en torno de su vida, páginas por aclarar que investigadores y estudiosos, no han descifrado aún… "Sor Juana, ¡qué espíritu más difícil de comprender! Para los ortodoxos resulta demasiado libre, tanto en poesía como en costumbres. Fue mucha mujer esta mujer. Si en nuestro siglo la tomaríamos por un portento ¿cuál no sería el asombro… a fines del siglo XVII?… Pues si nos referimos al escabroso punto de sus versos de amor ¿cuántas imaginaciones no se despiertan?… Sabemos tan poco… que es casi imposible prescindir del factor imaginativo" (Manuel Toussaint. Prólogo de Obras Escogidas de Sor Juana).

Con todo señalaremos en la vida de la Décima Musa cuatro etapas definidas: la Primera, la infancia en el pueblecito natal; Nepantla y sus aledaños, precocidad inaudita, desordenado afán de saber, rebeldía de autodidacta. Segunda, la corte virreinal; apogeo de encanto femenino y sabiduría, cerco amoroso -y decepción acaso- único tributo que aquella sociedad no madura sabía rendir a sus talentos. Tercera, refugio en el claustro, aunque el convento de las jerónimas era una pequeña academia, le proporciona algo de soledad y también el indispensable respeto para una doncella negada al matrimonio y negada a ser "pared blanca donde todos querían echar borrón". Cuarta y última, "la puerta estrecha" el sacrificio, que la hace convertir en limosnas sus cuatro millares de volúmenes, sus instrumentos matemáticos, sus joyas y pertenencias; sus dos años de mortificación y ascetismo, en los cuales se contamina por la peste y muere en una de las épocas más lúgubres de la Nueva España.


Los Villancicos

Las composiciones populares que Sor Juana escribió con el nombre de villancicos, para que fuesen cantadas, recitadas y representadas -además de su belleza incomparable-, son interesantes porque en ellas la poetisa va al pueblo, se identifica con él llena de ternura, y se transforma en su voz, que se hace múltiple como múltiples son los elementos que estaban formando el mestizaje; y ella hablará en el latín de los doctos, en el castellano de los criollos y mestizos, en el náhuatl de los indios y hasta en la confusa algarabía de los negros y con todos cantará para que todos se sientan unidos a la fiesta popular y divina de los villancicos y la voz de la poetisa será unas veces jovial con el pueblo niño lleno de alegría y de viva espontaneidad y será dolorosa, plena de conmiseración con los de más abajo, con los más desdichados y todos se fusionarán en ella, con una sola alma que represente las diversas razas y las distintas preocupaciones.

Sor Juana, con sus villancicos, contribuyó a formar el alma nacional de una patria que la monja desde su celda, con intuición maravillosa, comenzaba a vislumbrar.