Educación a Distancia Universidad La SalleOnteanqui "El que acompaña"Enseñanza prehispánica


Seminario "San Juan Bautista de La Salle y las Tendencias Educativas Contemporáneas"

LA EDUCACIÓN LASALLISTA EN EL ÁMBITO
DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS.

Dr. Salvador Valle Gámez f.s.c.

El Hno. Salvador Valle Gámez es maestro normalista, Licenciado en Ciencias Sociales, tiene estudios de Ciencias Religiosas en Roma, Maestría en ciencias de la Educación, Especialización en Educación Popular en San José de costa Rica, Modificabilidad Cognitiva en Madrid, España, Desarrollo Cognitivo en Monterrey Nuevo León, Doctor honoris Causa.

Presidente de la Conferedación Nacional de Escuelas Particulares.

Presidente de la confederación Interamericana de Educación Particular con sede en Bogotá Colombia.

Tesorero de la Asociación Nacional de Escuelas y Facultades de Pedagogía y ciencias de la Educación de la República Mexicana.

Consejero de la Escuela de ciencias de la Educación en la Universidad La Salle

Consejero de la oficina internacional de Educación Católica en Bruselas Bélgica.

Miembro del equipo coordinador del programa Educador Líder de América del CELAM Bogotá Colombia.

Representante de Canadá, Estados Unidos y México en el Consejo Interamericano de Educación.

INTRODUCCIÓN

El vertiginoso avance en la industria, la ciencia y la tecnología se ha constituido en el marco de profundas transformaciones socio-culturales que han caracterizado a las sociedades de finales del siglo XX. Hoy, por la mediación de las telecomunicaciones y de los medios masivos de comunicación, el ser humano tecnologizado interactúa en un contexto de interdependencia y globalidad. Esta tendencia, generada en los años más recientes, ha dado paso a la construcción de una nueva filosofía que define a la realidad como interpretación sustentada en lo diverso y lo plural.

La posmodernidad es el enfoque que rompe con los criterios absolutistas y que produce novedosas concepciones sobre la multiplicidad de facetas que convergen alrededor de la realidad. Esta concepción de vida ha impactado sensiblemente el orden social y ha propiciado pautas de apertura democrática que, sin duda, pueden dar lugar a una revolución en el  ámbito socio-cultural y político.

Ante los cambios impuestos por la alta tecnificación y por una sociedad cada vez más abierta y diversificada se hace indispensable observar en qué medida se ven alterados las tradiciones y los valores que dan perfil a las culturas. Lograr la convivencia de valores y principios humanitarios con las nuevas líneas de interacción planteadas por el posmodernismo, es el reto de cualquier trabajo formativo que pretenda incidir sobre lo cultural. Al respecto, la educación tiene ante si el gran compromiso de acoplar la instrucción al signo de los tiempos, de desarrollar su filosofía dentro de un marco social de creciente complejidad.

La escuela católica y la lasallista, en particular, han hecho suyo ese compromiso y han desarrollado su ideario conforme a las nuevas circunstancias sociales. Justicia, solidaridad, servicio, fraternidad, excelencia académica son los signos de esta educación lasallista tradicionalmente innovadora que, ahora, se sirve de las nuevas tecnologías y de su contexto social para participar de la transformación que exige la sociedad posmoderna.

Una educación para el cambio implicada dentro de un ambiente que busca ser justo y democrático, conforma el presente de la escuela lasallista que se proyecta hacia el futuro en condiciones que le permitan ser protagonista en la dinámica educativa del mundo globalizado.

1. POSMODERNIDAD (GENERALIDADES)

El posmodernismo, relacionado estrechamente con el capitalismo tardío o Multinacional, surge como paradigma que da cuenta del fracaso del Modernismo y que propicia, en consecuencia, un nuevo orden. En él, emerge un nuevo régimen social y económico, caracterizado por la acendrada tecnologización y el establecimiento de un mercado internacional concentrado en grandes bloques económlcos.

Paralelamente al ascenso financiero e industrial que identifica a esta etapa, en el ámbito de lo social, lo posmoderno se vincula al rechazo de los "grandes relatos" o "grandes proyectos" (metarrelatos, según François Lyotard) que proporcionaban algún tipo de cosmovisión. En el posmodernismo pierde sentido el planteamiento de visiones de la realidad totalizantes, coherentes e integradoras. Así, el pensamiento posmoderno se libera de la idea de unidad, y da paso al concepto de lo diverso. La diversidad y pluralidad dan significado a la nueva sociedad posmoderna y es el proceso de pluralización social el que conduce a una pluralización interna de los sujetos. Ellos, frente a una misma circunstancia, pueden comportarse de diferentes maneras, ya que se han transformado de sujetos aparentemente monoestructurales, a sujetos plurales.

La posmodernidad hace a un lado las viejas concepciones absolutistas y sustenta la necesidad de abordar la multiplicidad de facetas que confluyen en una realidad diversificada. Estas realidades son distintas y no pueden reducirse las unas a las otras.

Luego entonces, la nueva personificación de la totalidad se construye a partir del enorme conglomerado de realidades que interactúan y superponen. La historia unitaria ya no existe y la realidad se vive como identidad fragmentada y dispersa.

Es importante destacar, asimismo, que la nueva pluralidad, asociada a la capacidad de disentir sólo puede ser desarrollada en un régimen democrático que reconozca derechos fundamentales y derechos humanos. Es‚ éste, el marco que puede dar fortaleza y legitimar el derecho a ser diferente.

La apertura y el disenso se proyectan como sustentos de un modelo ideal de democracia que propicia el debate actual en torno a la teoría del posmodernlsmo.

Si bien la posmodernidad propone nuevos cauces de apertura, es necesario reconocer que alrededor de sus bondades también se encubren enfoques plenos de pesimismo y desencanto. Así, el fin de los paradigmas totalizadores implica el fin -a nivel existencial- de marcos de referencia, lo cual conduce al caos y al irracionalismo. Ante el fracaso de las ideologías y la creciente brecha entre Norte y Sur, es más grande la desconfianza hacia el racionalismo socio-político y tecnológico. Además, la razón se ha convertido en instrumental, pues sólo sirve para la producción y el consumo.

Al ser desplazada la razón, priva el sentimiento y el individuo se convierte en un ser guiado en sus elecciones personales por el deseo. Este sujeto es escéptico, pesimista, hiperindividualista, hedonista y narcisista.

La posmodernidad se erige hacia el campo de lo efímero, de lo inestable. El pasado se niega y las sociedades viven un presente perpetuo que arrasa tradiciones.

En este contexto, se ha creado una crisis de valores que se desarrolla en diversos ámbitos de la vida social. En el caso específico de las creencias religiosas, éstas han dejado de ser sustento cultural y las grandes religiones institucionalizadas viven hoy una deserción masiva.

América Latina, al importar y ser usuaria de nueva tecnología, no es ajena a los efectos de la posmodernidad. Vive las consecuencias de una economía globalizada e interdependiente y del aceleradísimo flujo de información vertido a través de los medios masivos de comunicación.

Ante este movimiento, se hace urgente rescatar el clima de respeto, tolerencia y pluralidad que promueve el posmodernismo y, a la vez, reorientar los valores que han padecido los embates de una sociedad compleja y caótica. En este proceso, la educación puede, sin duda, hacer mucho al respecto.

2. LA EDUCACION EN EL CONTEXTO DE LA POSMODERNIDAD

La educación no es un simple proceso de enseñanza-aprendizaje, es un proceso formativo que pretende hacer del individuo un ser consciente y libre.

En la sociedad posmoderna, la utilización de las nuevas tecnologías aplicadas a la educación no debe circunscribir la enseñanza a un desarrollo estrictamente técnico, ya que resulta esencial reconocer en el proceso educativo su carácter innovador, orientado al cambio. Para ello basta situar al alumno en su calidad de ser histórico, comprometido con su realidad social:

En el sector educativo, donde se dan las condiciones de producción y reproducción de las condiciones históricas, culturales y sociales, remitirá este posmodernismo al desarrollo de habilidades y de pensamiento que integren al individuo a un mundo en constante transformación para permitir el cambio, entendido como apertura de mercados, democracia y respeto por el otro.

En esta educación que respeta y reconoce las decisiones del otro, la apropiación de la tecnología no se realiza para generar un poder opresor y deshumanizante, sino para obtener una libertad que se basa en la apología de las pluralidades‚ étnicas y culturales. Lo que se pretende es que "de esta búsqueda y relación entre tecnología y ser humano surja, como modelo, un nuevo tipo de ser antropológico, que interprete el mundo a partir de ella (la tecnología como extensión del Ser) y la integre como parte de su vida cotidiana"

3. LA EDUCACION LASALLISTA Y LAS NUEVAS TECNOLOGIAS

La educación católica se enfrenta hoy al enorme reto de proporcionar valores en un medio de crisis ideológica. Su propósito educativo de capacitar al educando para que alcance su realización como persona mediante acciones libres y moralmente rectas, se ve expuesta al pesimismo y escepticismo que caracterizan a este fin de milenio. Ante ello, la educación católica y la lasallista, en particular, se plantean dar una nueva dimensión humanista a su quehacer, en el que se conciba al hombre como ser eminentemente histórico que se abre a la trascendencia, es decir a la Verdad.

Guiar a los más desprotegidos con una educación cristiana que les permita ser salvados, es el propósito elemental de la escuela lasallista. En este proceso, el educador asume la suprema responsabilidad de representar al mismo Jesús en su actividad evangelizadora. Esto, coloca al educador en una situación que lo lleva a convertirse en padre espiritual de sus alumnos. Un amor genuino al prójimo y una disposición generosa y servicial son las características esenciales que orientan el ejercicio de los educadores lasallistas.

La fe, como paradigma de lo cristiano, supone la convicción inequívoca de que todo lo existente se rige por el espíritu divino. Esta certeza, sin embargo, no sólo se construye -para los lasallistas- sobre una lógica teórica, sino que se concibe como una sugestión eminentemente práctica. Como lo indicara textualmente San Juan Bautista de La Salle, "El fin principal de la fe es practicar aquello que se cree. Si os esmeráis porque aumente en vosotros la fe, sea con el fin de ir creciendo en piedad...¨De qué os serviría enseñar a los discípulos las verdades de la fe si no los ejercitáis en la práctica de las obras buenas, puesto que la fe sin las obras está muerta?".

Esta clase de fe es la que domina en la educación lasallista, es la que rige cotidianamente el espíritu de los educadores. Es una fe que se cultiva y que enriquece la vida escolar.

En torno al encuentro con lo trascendente, se constituye un modelo de fe operativa que surge como respuesta educativa a los tiempos de crisis que imperan en las sociedades posmodernas. Bajo el signo de la fe se vive la experiencia mística y se transforma al convertirse en solución de las inquietudes y tensiones existenciales.

La disposición hacia el bien, señala De La Salle, es el resultado de una especial atención en la formación intelectual de los educandos; el cultivo de la inteligencia, además de propiciar un progreso práctico, encamina a la virtud. En este sentido, el logro de la excelencia académica es uno de los básicos del lasallismo, ya que en su búsqueda de calidad, se incorpora a los progresos tecnológicos y renueva constantemente sus planes de estudio.

Por lo anterior, es claro que con el desarrollo económico, social, político y cultural de las sociedades, la filosofía lasallista no ha perdido vigencia, pues sus conceptos -vistos bajo la óptica del mundo actual-, recobran sentido al insertarse con pleno éxito en la realidad pluricultural contemporánea.

El lasallismo hace suyo el derecho que tiene todo pueblo a conservar su herencia cultural y proclama respeto hacia los diferentes grupos étnicos y religiosos. Asimismo, condena acremente la injusticia, la violencia y desarrolla en los alumnos una conciencia crítica que les permita el análisis lúcido y la reflexión.

De acuerdo con su tradición, la educación lasallista actual se solidariza con los marginados e instruye a los educandos para que luchen por aquellos que sufren discriminación. Un alto sentido de justicia es el que priva en sus preceptos.

La búsqueda del conocimiento y la verdad se lleva a cabo en un ámbito de respeto, cordialidad y fraternidad en las interacciones personales.

Por otra parte, al tiempo que desempeña su labor evangelizadora, la escuela lasallista promueve el desarrollo intelectual y físico de los educandos, en un marco de excelencia educativa. Este cuidado no concluye con el término del periodo escolarizado, ya que una de las preocupaciones centrales del lasallismo, es que el discípulo se integre a la sociedad de manera constructiva.

Orientada bajo los signos de la fe, la fraternidad, la innovación, la justicia y la excelencia, la educación lasallista que se logra cuando el educando adopta una actitud positiva acerca de los valores -al apreciarlos e internalizarlos-, tiene el propósito de humanizar, de concientizar, de alcanzar la trascendencia. Y en este proceso, el uso de avances tecnológicos para fines educativos no sólo debe contemplar el logro de la eficacia instrumental meramente técnica, sino que debe considerar los factores humanos que hagan de esta educación una oportunidad de progreso y de compromiso con los más desprotegidos.

Dentro de la realidad posmoderna se destacan, entre las nuevas tecnologías, los medios masivos de comunicación, quienes han sido, en los años más recientes, protagonistas en las transformaciones sociales y culturales de toda la humanidad. Hoy, la instrucción verbo-auditivo-visual es el común denominador de cualquier educación formal que busca la vanguardia.

La gran aceptación de la comunicación tecnologizada se debe, principalmente, al poder de seducción que genera en el espectador una respuesta emocional. Los medios audiovisuales son influyentes, no por su posibilidad de "influencia ideológica", sino por su capacidad de motivar la identificación emocional. Los sujetos consumidores de audiovisuales se tornan flexibles, adaptables, disponibles cognitiva y ‚éticamente.

De esta manera, no enfrentamos a un enorme poder potencial, el poder audiovisual, que apegado a principios humanistas, otorga la gran oportunidad de educar para el cambio y la libertad. Y es, este, el compromiso primordial de la educación lasallista del futuro.

BIBLIOGRAFIA

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